El aumento de la morosidad en Argentina no se detuvo en febrero y ya muestra señales claras de un problema estructural: cada vez más familias tienen dificultades para cumplir con sus deudas, especialmente en el segmento de billeteras digitales y entidades no bancarias.
Según datos de la Central de Deudores (CENDEU), la mora en este tipo de financiamiento alcanzó el 29,9%, con una suba de más de dos puntos respecto a enero. La tendencia no es nueva: se trata del decimosexto mes consecutivo de incremento, lo que llevó a los niveles más altos desde 2004.
El fenómeno también se replica en los bancos tradicionales, donde el incumplimiento de pagos pasó del 10,6% en enero al 11,2% en febrero. Aunque el porcentaje es menor que en las fintech, confirma que las dificultades de pago están extendidas en todo el sistema.
En el caso de las billeteras virtuales, el crecimiento del crédito vino acompañado de un aumento del riesgo. Plataformas como Mercado Pago registraron un fuerte deterioro en sus indicadores: su ratio de irregularidad escaló del 5,5% al 14,7% en un año, reflejando el impacto de préstamos más accesibles, pero también más costosos.
Uno de los factores centrales detrás de esta dinámica es el nivel de las tasas de interés. Actualmente, los préstamos personales presentan una Tasa Nominal Anual cercana al 70% y una Tasa Efectiva Anual que ronda el 100%, sin incluir el Costo Financiero Total, que eleva aún más el peso de las cuotas. En este contexto, sostener el endeudamiento se vuelve cada vez más difícil para los hogares.
A esto se suma un escenario económico desigual. Mientras algunos sectores como el agro, la energía y la minería muestran un fuerte crecimiento, otros más vinculados al empleo —como la industria, la construcción y el comercio— evidencian debilidad. Esta brecha impacta directamente en los ingresos de las familias, que ven deteriorada su capacidad de pago en un contexto de salarios reales rezagados y aumento del desempleo durante 2025.
Desde el Gobierno, el ministro de Economía, Luis Caputo, consideró que el aumento de la morosidad responde a un efecto rezagado de la suba de tasas y confió en que la situación tenderá a normalizarse a medida que bajen la inflación y el costo del crédito.
Sin embargo, las proyecciones del mercado son más cautas. La calificadora Moody’s anticipa que los niveles de mora podrían seguir deteriorándose en el corto plazo, antes de comenzar una estabilización gradual hacia mediados de 2026.
En definitiva, el avance de la morosidad refleja una combinación de crédito caro, ingresos debilitados y un crecimiento económico que no logra distribuirse de manera homogénea. Un escenario que deja a un número creciente de hogares al límite de su capacidad financiera.







