Estudiantes de La Plata cerró el 2025 como protagonista absoluto del fútbol argentino. En el estadio Único de San Nicolás, el equipo campeón del Torneo Clausura derrotó 2-1 a Platense, ganador del Apertura, y levantó el Trofeo de Campeones en un partido que tuvo tensión, reacción y un nombre propio que terminó siendo decisivo.
El primer golpe lo dio el Calamar. Apenas comenzado el segundo tiempo, Franco Zapiola apareció en el área y abrió el marcador a los 5 minutos, sorprendiendo a un Estudiantes que hasta ese momento había tenido el control del juego, pero sin profundidad. El gol cambió el escenario y obligó al Pincha a adelantarse con mayor decisión.
La respuesta no tardó en llegar y tuvo sello de jerarquía. Lucas Alario, con la experiencia de los grandes partidos, fue clave cuando más lo necesitaba su equipo. A los 34 minutos del complemento, el delantero igualó el encuentro y encendió a los hinchas albirrojos, que ya comenzaban a sentir que la historia podía darse vuelta.
Con Platense replegado y resistiendo, Estudiantes fue por todo. Y nuevamente apareció Alario, esta vez a los 46 minutos del segundo tiempo, para marcar el gol que selló la remontada y desató el festejo. Dos apariciones, dos goles y un título más para un equipo que supo sostener su ambición hasta el final.
El triunfo no solo significó una nueva vuelta olímpica, sino también la confirmación de un año sólido para Estudiantes, que logró imponerse en el duelo entre campeones y cerrar la temporada con otro trofeo en sus vitrinas. En una final pareja y disputada, la diferencia estuvo en la eficacia y en la capacidad de gol en los momentos clave.







