El preocupante presente del River de Gallardo: ¿Fin de ciclo?

Marcelo Gallardo

El equipo no encuentra rumbo y el desgaste de l entrenador es cada vez más evidente. Los hinchas, entre la preocupación y la nostalgia por los años de gloria.

El presente de River Plate está lejos de lo que alguna vez fue sinónimo de solidez, jerarquía y mística. El conjunto de Marcelo Gallardo, que marcó una era dorada en el club, atraviesa hoy una crisis futbolística que preocupa a propios y extraños. El dato que resume el momento: muchos hinchas siguieron con atención el partido entre Platense y Riestra, temiendo que una victoria del equipo de Vicente López dejara a River fuera de los puestos de clasificación a la Copa Libertadores.

Ese detalle, impensado en otros tiempos, refleja el cambio de realidad del equipo de Núñez. Gallardo, el mismo que levantó dos Copas Libertadores, entre ellas la histórica final ante Boca en Madrid, hoy parece sumido en una confusión táctica y emocional que se traduce en resultados adversos: derrotas ante rivales modestos como Riestra y Sarmiento, una serie negativa inédita en los últimos 15 años y un Monumental que ya no sólo alienta, sino que empieza a impacientarse.

El contraste entre el Gallardo del bronce y el Gallardo de carne y hueso se hace cada vez más evidente. Aquel técnico que supo motivar con la palabra, capaz de revertir cualquier tropiezo con una arenga, hoy no logra transmitir la misma energía. Su discurso, que en otras épocas generaba convicción, ahora suena repetido y sin eco. Los insultos del último fin de semana fueron dirigidos a los jugadores, pero en el aire del Monumental flotó una crítica silenciosa hacia el propio entrenador.

Decisiones sin rumbo y señales de desgaste

En el plano futbolístico, Gallardo probó múltiples esquemas y nombres sin encontrar respuestas. La búsqueda de un volante central confiable se volvió un símbolo de su desconcierto. Volvió a apostar por Enzo Pérez, referente de su primera etapa, pero el mendocino no pudo sostener el nivel. Luego pasaron por ese puesto Villagra, Kranevitter, Portillo, Castaño y hasta el juvenil Thiago Acosta, que fue improvisado en un rol que no es el suyo.

Esa decisión chocó con su propio discurso de “llevar de a poco” a los juveniles, como lo había hecho con Franco Mastantuono, el talento vendido al Real Madrid tras destacarse en los últimos meses. Los vaivenes entre la paciencia formativa y la urgencia de resultados exponen un ciclo desgastado, donde la coherencia y la eficacia parecen haberse diluido.

El futuro en duda

Con el equipo lejos de su mejor versión, el futuro de Gallardo en el banco ya no parece tan seguro. Su contrato vence a fin de año y, aunque hasta hace poco se hablaba de una renovación, hoy nadie se anima a confirmarla. El gran objetivo inmediato es asegurar la clasificación a la próxima Copa Libertadores, ya sea por la tabla anual, el Torneo Clausura o la Copa Argentina, donde River enfrentará a Independiente Rivadavia en semifinales.

El calendario no da respiro: Talleres en Córdoba, Gimnasia, el Superclásico ante Boca y Vélez cerrarán un tramo exigente que puede definir el rumbo del ciclo. El duelo en la Bombonera, sobre todo, puede convertirse en un punto de inflexión: o el partido del renacer, o el del final.

En medio de la tormenta, los hinchas siguen divididos entre la crítica y la esperanza. Muchos aún creen que Gallardo puede resurgir y enderezar un barco que parece a la deriva. Pero cada fecha que pasa, el final del ciclo se vislumbra un poco más cerca.

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