“La diversidad es clave para la innovación”, remarcó Kurian al hablar sobre el liderazgo femenino en Google Cloud.
La propuesta de Google para controlar miles de agentes de IA en empresas apunta a resolver uno de los problemas más concretos que está empezando a aparecer en el mundo corporativo: cuando una organización despliega decenas o cientos de agentes autónomos, el desafío deja de ser “crear la IA” y pasa a ser gobernarla.
Lo que plantea Google Cloud, según explicó su CEO Thomas Kurian, es una especie de torre de control centralizada para administrar todos esos agentes, incluso si fueron desarrollados en plataformas de terceros.
Los ejes principales de esa estrategia son:
En la práctica, sería algo similar a un centro de monitoreo de infraestructura, pero aplicado a inteligencia artificial autónoma.
Eso significa que ningún agente recibe confianza automática: cada acceso debe validarse continuamente según identidad, permisos y contexto.
La clave acá es evitar escenarios como:
agentes accediendo a archivos sensibles sin autorización
escalamiento automático de privilegios
ejecución de acciones fuera de política
Si un agente modifica una base de datos, accede a documentos internos o dispara un proceso crítico, la empresa podría saber:
qué agente actuó
cuándo
bajo qué permisos
quién autorizó esos permisos
Esto es fundamental para auditorías y cumplimiento regulatorio.
Eso permite integrar información de múltiples sistemas, no sólo herramientas propias de Google, evitando que las empresas queden encerradas en un ecosistema cerrado.
Ese detalle importa bastante: muchas compañías ya usan soluciones mixtas entre Google, Microsoft, AWS y desarrollos internos.
El sistema haría cumplir esa restricción de forma automática.
El fondo de esta estrategia
Google está apostando a que el mercado empresarial de IA no se definirá sólo por quién tiene el modelo más potente (como la competencia con OpenAI, Microsoft o NVIDIA), sino por quién ofrece la mejor infraestructura de control.
Es una apuesta bastante lógica: una empresa puede tolerar que un chatbot se equivoque en una respuesta; no puede tolerar que un agente autónomo modifique sistemas críticos sin supervisión.
En otras palabras, Google parece estar diciendo:
El futuro no es sólo tener miles de agentes. Es poder gobernarlos sin perder control.
Ese probablemente será uno de los grandes negocios de la próxima etapa de la IA corporativa.
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