Las auroras se intensificaron y aparecieron en latitudes inusuales cuando partículas solares interactuaron con gases de la atmósfera terrestre(@jakesonaplane_)
La Tierra enfrenta uno de los episodios de actividad solar más intensos de los últimos 22 años, tras una poderosa eyección de masa coronal que alcanzó el planeta y desencadenó una tormenta geomagnética de gran escala. El fenómeno activó protocolos de prevención en organismos internacionales y generó auroras visibles muy lejos de los polos.
La erupción se originó a partir de una llamarada solar de clase X, la categoría más fuerte dentro de la escala científica. La onda de plasma viajó a alta velocidad y chocó con la magnetosfera terrestre, provocando fluctuaciones en el campo magnético y elevando la radiación en el entorno espacial cercano.
Centros de predicción del clima espacial, como el SWPC de Estados Unidos, elevaron las advertencias a una posible tormenta geomagnética G4, un nivel asociado a riesgos para redes eléctricas, satélites y sistemas de navegación. Paralelamente, se detectó una tormenta de radiación S4, la más severa registrada desde 2003.
La situación motivó comunicaciones y protocolos preventivos entre agencias públicas y operadores privados de infraestructuras críticas, entre ellos la NASA, la Administración Federal de Aviación, operadores de redes eléctricas y firmas satelitales. La prioridad es evitar daños físicos en componentes sensibles y asegurar la continuidad de servicios.
Impactos sobre tecnología y aviación
Aunque no se reportaron fallas masivas, especialistas señalaron posibles afectaciones transitorias en:
navegación satelital (GPS y GNSS)
comunicaciones de alta frecuencia, especialmente en rutas polares
correcciones automáticas en redes de transmisión eléctrica
operaciones espaciales en órbita baja
En el sector aeroespacial, los astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional reforzaron protocolos de protección temporaria ante el incremento de radiación, una medida habitual en eventos severos.
Una tormenta de radiación solar S4 fue monitoreada por el SWPC la más fuerte desde 2003 con efectos en aviación misiones espaciales y satélites (@jakesonaplane_)
El episodio dejó un costado visual llamativo: auroras boreales y australes en latitudes poco frecuentes, impulsadas por la interacción de partículas energizadas con oxígeno y nitrógeno en la atmósfera superior. Usuarios de múltiples regiones registraron las luces en las redes, fenómeno que suele acompañar tormentas fuertes y que esta vez se extendió a zonas de latitudes medias.
Un ciclo en ascenso
La secuencia de erupciones no fue aislada. Se originó en una región activa de manchas solares que continúa orientada hacia la Tierra, por lo que no se descartan nuevos eventos en los próximos días. La actividad solar transita la fase ascendente de su ciclo de aproximadamente once años, lo que incrementa la frecuencia de llamaradas y eyecciones.
La tormenta, la más intensa en más de dos décadas, evidenció nuevamente el vínculo entre el Sol y el funcionamiento tecnológico del mundo moderno: desde los sistemas satelitales y la aviación hasta la energía eléctrica y las comunicaciones. También recordó que, además de sus riesgos, la actividad solar puede ofrecer uno de los espectáculos más fascinantes del cielo nocturno.
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