El hallazgo astronómico del siglo: descubren una nueva luna que orbita la Tierra y reescribe el entendimiento del Sistema Solar
Un hallazgo astronómico sorprendió a la comunidad científica: un pequeño objeto espacial que acompaña a la Tierra desde mediados de la década de 1960 fue identificado recientemente tras permanecer oculto durante décadas.
Se trata de 2025 PN7, una denominada «cuasi-luna», un tipo de cuerpo celeste que comparte una trayectoria similar a la de la Tierra alrededor del Sol. Aunque no se trata de una luna en el sentido tradicional, su peculiar órbita hace que parezca acompañar a nuestro planeta durante largos períodos de tiempo.
El objeto fue detectado por el observatorio Pan-STARRS, ubicado en Hawái, y los astrónomos estiman que mantiene esta configuración orbital desde alrededor de 1965. Según los cálculos, continuará siguiendo una trayectoria cercana a la terrestre hasta aproximadamente 2083, cuando adoptará una nueva órbita.
Su descubrimiento volvió a despertar el interés por estos enigmáticos compañeros cósmicos, cuya existencia demuestra que aún quedan muchos objetos por identificar incluso en las inmediaciones de nuestro planeta.
A diferencia de la Luna, que está gravitacionalmente ligada a la Tierra, las cuasi-lunas orbitan alrededor del Sol. Sin embargo, debido a la forma de sus trayectorias, mantienen una relación orbital especial con nuestro planeta, avanzando y retrocediendo en un movimiento que da la impresión de que lo acompañan.
Estos cuerpos son distintos de las llamadas minilunas, pequeños objetos que sí son capturados temporalmente por la gravedad terrestre antes de volver al espacio.
Hasta el momento se conocen al menos siete cuasi-lunas asociadas a la Tierra, aunque los especialistas creen que podrían existir muchas más esperando ser descubiertas.
Un misterio que sigue abierto
El origen de estos objetos todavía es motivo de investigación. Algunas teorías sostienen que podrían ser asteroides desplazados desde el cinturón ubicado entre Marte y Júpiter. Otras hipótesis sugieren que se trataría de fragmentos desprendidos de la Luna tras antiguos impactos.
Uno de los casos más estudiados es Kamoʻoalewa, una cuasi-luna descubierta en 2016 cuya composición parece tener similitudes con la superficie lunar. Para profundizar en estas investigaciones, China lanzó una misión destinada a recoger muestras de este objeto y traerlas de regreso a la Tierra.
Los científicos consideran que la próxima generación de telescopios, entre ellos el Observatorio Vera C. Rubin, permitirá detectar nuevos cuerpos de este tipo y comprender mejor la compleja dinámica que gobierna los movimientos de los objetos cercanos a nuestro planeta.
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