Ser prevenido es clave para poder identificar una estafa telefónica, antes que sea demasiado tarde
El avance de la inteligencia artificial transformó la forma en que nos comunicamos, pero también abrió la puerta a nuevas modalidades de fraude. Entre ellas, los deepfakes de voz se consolidan como una de las amenazas más sofisticadas: permiten imitar a una persona con apenas unos segundos de audio y engañar incluso a interlocutores cercanos.
En este contexto, aprender a identificar una llamada falsa se vuelve clave para evitar estafas que pueden derivar en pérdidas económicas o filtración de información sensible.
El proceso suele comenzar con la recolección de fragmentos de audio de la persona que se desea imitar, obtenidos de redes sociales, entrevistas o registros públicos. A partir de allí, herramientas de inteligencia artificial generan un modelo capaz de replicar su voz con gran precisión.
Con ese recurso, los estafadores realizan llamadas haciéndose pasar por jefes, familiares o proveedores. En muchos casos, incluso pueden mantener conversaciones en tiempo real, lo que aumenta la credibilidad del engaño.
El objetivo es claro: generar urgencia y presión para que la víctima realice transferencias, comparta contraseñas o entregue datos confidenciales sin verificar la autenticidad del contacto.
Aunque la tecnología evoluciona rápidamente, todavía existen indicios que pueden encender las alertas:
Ritmo poco natural: la voz puede sonar demasiado pausada o acelerada sin razón aparente.
Falta de emoción: entonación plana, sin matices ni reacciones acordes al contexto.
Respiración extraña: frases largas sin pausas o respiración artificial.
Sonido digital: en algunos casos, se percibe un tono metálico o robótico.
Ambiente irreal: ausencia total de ruido de fondo o un entorno sonoro demasiado uniforme.
Errores en la conversación: respuestas incoherentes, evasivas o dificultad para interpretar preguntas inesperadas.
Más allá de lo técnico, estos ataques suelen apoyarse en ingeniería social: los estafadores apelan a la urgencia, piden confidencialidad y utilizan información personal para generar confianza.
Frente a este escenario, adoptar medidas preventivas es fundamental:
Verificar por otro canal: ante cualquier solicitud sensible, confirmar la información por correo electrónico o mensajería oficial.
Aplicar doble validación: especialmente en operaciones financieras o cambios de datos importantes.
Usar claves o preguntas privadas: acordadas previamente con personas de confianza.
Capacitarse y estar alerta: conocer estas modalidades reduce significativamente el riesgo.
Además, limitar la exposición pública de audios personales o profesionales puede dificultar que terceros obtengan muestras para crear imitaciones.
El crecimiento de los deepfakes de voz marca un nuevo desafío en materia de seguridad digital. En un entorno donde la inteligencia artificial avanza a gran velocidad, la combinación de prevención, verificación y pensamiento crítico sigue siendo la mejor defensa.
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