Blumberg y el asesinato de su único hijo: “Este país en lugar de avanzar, retrocede”

La casa es una de las pocas que no tiene rejas en una cuadra residencial y tranquila de Martínez, en el partido de San Isidro. Juan Carlos Blumberg (75) abre la puerta, extiende la mano derecha, se presenta e invita a pasar.

En la antesala hay un cuadro con una foto de Axel Blumberg (23), el único hijo de Juan Carlos Blumberg y María Elena Usonis (70). Axel fue asesinado el 22 de marzo de 2004 por una banda de secuestradores que lo había raptado cinco días antes.
En la otra pared hay una vitrina. En sus estantes hay premios y distinciones de Axel, recuerdos y su colección de autos Ferrari a escala. Es un lugar con una carga emocional muy fuerte.

El ambiente es cálido y elegante. Piso, paredes y techo están revestidos en madera. En cada esquina hay un detalle que remite a los orígenes de la familia. Por ejemplo, en la barra hay escudos tallados de distintas provincias de Lituania, de donde era la madre de Juan Carlos. El juego de comedor está hecho a medida, de raíces de árboles. El recuerdo de Axel está presente a través de fotos y retratos de su infancia.

El empresario divide su tiempo entre las fábricas textiles que administra y la “Fundación Axel Blumberg por la vida de Nuestros Hijos”. Se define como “un fanático del trabajo” y dice que así se mantiene ocupado y entretenido. “Para mí trabajar no es un sacrificio, es una alegría”, señala y asegura: “Siempre estoy en acción, de la mañana a la noche. Sábados y domingos no tengo”.

Ahora Blumberg está sentado en el mismo living en el que la noche del 17 de marzo de 2004 le avisaron que Axel había sido secuestrado. Tiene entre sus manos un cuaderno que mandó a anillar con el trabajo realizado por la fundación y varias carpetas con estadísticas, fotos y documentación de los últimos 15 años desde ese día en el que su vida cambió para siempre.

Blumberg se presentó como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires en un frente que apoyaba la candidatura presidencial del gobernador neuquino Jorge Sobisch. Sacó el 1,26 % de los votos.

El caso

Axel estudiaba ingeniería industrial en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Le faltaba muy poco para recibirse. Aquella noche había vuelto de la facultad y le pidió el auto a su mamá para ir al cine del shopping Unicenter con su novia, Estefanía Garay, que entonces tenía 18 años.

Cerca de las 22, Juan Carlos y María Elena cenaban cuando el teléfono sonó. La que llamaba era la novia de su hijo, preocupada porque Axel todavía no había llegado. “No puede ser. Si salió a las 21.30 y tarda cinco minutos hasta ahí”, respondió Juan Carlos.

Estefanía se asomó al balcón de su casa en Dorrego al 1700, vio el auto de la mamá de Axel estacionado y volvió a llamar a sus padres. Juan Carlos y María Elena fueron hasta ahí.

“Hicimos enseguida la denuncia a la Policía y la Policía nos mandó acá y nos dijo que esperemos el llamado. Así que yo estuve cinco o seis días sentado en ese sillón al lado del teléfono”, recuerda Blumberg, en una entrevista con Clarín.

Lo que vino después es conocido: Axel se había convertido en víctima de un secuestro extorsivo, una modalidad delictiva que explotó después de la crisis de 2001.

Al joven lo raptaron cuando le estaba poniendo el traba volante al auto. Por su rescate pidieron 50 mil pesos, que tras cinco días de negociaciones se convirtieron en 14.500.

El 22 de marzo Blumberg fue a pagar el monto que le exigían los secuestradores a una estación de servicio de Panamericana y Ruta 202, en Don Torcuato. Esperó 40 minutos y nadie se presentó a cobrar. Volvió a su casa y minutos más tarde le dieron la peor noticia: Axel apareció asesinado de un tiro en la cabeza.

El crimen de Axel fue el tercero de una ola de secuestros extorsivos, un delito característico de la Argentina post crisis del 2001. Por el caso fueron condenados a prisión perpetua Martín “El Oso” Peralta y José Gerónimo Díaz, los cabecillas de la banda, y otros integrantes recibieron penas de entre 3 y 20 años de prisión. Uno de ellos, Carlos Raúl Díaz, pidió la libertad condicional en 2018 y se la rechazaron.

Blumberg tenía entonces 59 años y un dolor infinito. Hijo de un padre alemán y una madre lituana, era dueño de una consultora que se dedicaba a la instalación y administración de fábricas, especialmente del rubro textil. A partir del asesinato de su hijo, se convirtió en un emblema de la lucha contra la inseguridad.

El 1° de abril de 2004 fue la primera movilización masiva al Congreso de la Nación para reclamar justicia por Axel. Según publicó Clarín en aquella oportunidad, hubo 150.000 personas que se manifestaron con velas encendidas en sus manos. Una gran parte de la sociedad empatizó con el dolor de la familia Blumberg y encontró en el papá de Axel una voz que expresaba sus ideas y sus angustias.

“Vinimos a donde están los representantes nuestros a pedir cosas chiquitas, simples, para que nuestros hijos puedan trabajar, estudiar, y que no sean asesinados. Hoy Axel es el hijo de todos”, expresó Juan Carlos aquella noche, ante la multitud.

Lo distintivo de aquella convocatoria fue la presentación de un petitorio con siete propuestas. Blumberg pidió juntar dos millones de firmas para lograr una reforma legislativa que, a grandes rasgos, contemplaba: que los delitos cometidos con un arma no fueran excarcelables; la creación de un registro de usuarios de telefonía celular; un sistema de DNI similar al de los pasaportes para impedir su falsificación; aumento de las penas mínimas y máximas para delitos graves; que las condenas a perpetua fueran perpetuas y que los delincuentes excarcelados trabajaran un mínimo de ocho horas para la comunidad o en obras públicas. En total hubo cuatro marchas.

Blumberg, que llegó a ser candidato a gobernador bonaerense en 2007 pero sacó apenas el 1,26 por ciento de los votos, recuerda cómo empezó todo.

“Cuando pasó lo de Axel, nosotros estábamos muy conectados de la Goethe Schule con todos los padres desde jardín de infantes. Siempre íbamos a jugar al fútbol o cuando pasaba algo estaban. Y enseguida vinieron acá, todos acompañando. Entonces dije: ‘bueno, vamos a hacer una marcha, pero una marcha con propuestas’. Se hizo esa marcha. Un periodista amigo me consiguió las filmaciones de esa noche y se hizo el cálculo a cuatro personas por metro cuadrado. Hubo 350 mil personas esa noche. Después a los 20 días fuimos al Palacio de Justicia, se juntaron 120 mil personas y también les llevamos propuestas a los jueces. Uno no es abogado, pero yo habré hecho más de 40 fábricas en el mundo, entonces uno sabe cómo es una organización. Había un montón de juicios atrasados, entonces yo dije: tienen un mismo edificio, tienen los escritorios, ¿por qué no hacen doble turno? Uno va con ideas como si fuera organizar una empresa y les llevamos propuestas”.

–¿Cree que las reformas legislativas que impulsó funcionaron en la práctica?

–Algunas cosas sí, otras no porque todo eso tiene que ir acompañado de un trabajo con las fuerzas de seguridad, profesionalizadas. En 2004 hice el curso de policía en la Academia de Nueva York y yo traje a la Argentina las pistolas eléctricas y las mostré en un programa de Mariano Grondona y Luis Majul. Cuando vinimos con eso, las Madres de Plaza de Mayo nos decían que eso era una picana, imagínese. Con eso usted evita matar a alguien y los detiene con facilidad. Y uno ve ahora que la nueva ministra (Sabina Frederic) está en contra de eso. Es una locura, las usa la policía del mundo y con eso usted evita herir a alguien.

Blumberg evoca sus discusiones de entonces con Jorge Bergoglio, que años más tarde se convertiría en el papa Francisco.

–Mirando para atrás, creo que lo que pasa acá es que no se trabajó. Yo recuerdo las discusiones con el actual Papa, cuando todavía era Jorge Bergoglio, cuando hablábamos del trabajo en las cárceles. Él era pura discusión. Yo le decía que primero tienen que trabajar ocho horas y ganarse su sustento, lo que consume. Después estudiar y todo lo otro. “Pero usted no sabe cómo era la infancia de ellos”, me decía. Si usted está ahí es porque le hizo algo malo a la sociedad y a la sociedad hay que retribuirle de alguna manera con un trabajo. Son cosas elementales que hay en otros lugares del mundo. Yo creo que hay muchas cosas que no se hicieron, entre ellas, haber bajado la edad de imputabilidad como hay en otros países como Alemania o Francia.

–Muchos funcionarios de aquel momento continúan ocupando distintos cargos en el Estado actualmente. ¿Cómo ve a la Argentina hoy?

–Yo lo veo muy triste porque veo que en lugar de avanzar, retrocedemos en muchas cosas. Con todo ese desfalco que hubo con la mina de carbón, poner a Aníbal Fernández enfrente de eso con todos los problemas que él ha causado, es una locura. Me parece que andamos mal. Y la culpa también es de (Mauricio) Macri. Yo lo ayudé para que él fuera jefe de Gobierno. Lo ayudé y trabajé para que fuera presidente. Pero a estos muchachos, ¿sabe qué les falta? Calle. Usted tiene que tener picardía. Para luchar contra delincuentes tiene que ser vivo. Estos tipos asumen en el Gobierno y empiezan con los globitos de colores, el amarillo y todo eso. Lo primero que tendrían que haber dicho es explicarle a la población lo que los otros dejaron. Ocultaron las cosas, no sirven para nada. Pensaban que lo arreglaban fácil. En lugar de sacar planes sociales, dieron más. Usted a la gente le tiene que dar la caña de pescar, no el pescado. Jueces atorrantes como (Norberto) Oyarbide, (Jorge) Ballestero, todos esos, en lugar de meterlos presos les dieron la jubilación. Hay cosas que no…

–¿Qué expectativa tiene de la presidencia de Alberto Fernández?

–Yo tengo una expectativa terrible. Este hombre está puesto ahí pero veo que la que manda es Cristina Kirchner. Entonces él dice una cosa y ella está en Cuba diciendo otra. Yo no me olvido nunca. Creo que fue en la segunda reunión con Néstor Kirchner. Había salido en el diario Le Monde de París una foto que decía “La revolución de un padre”. Entonces yo le doy el diario y Kirchner empieza a mirar. Y yo me pongo a pensar: ‘¿Cómo es el presidente y no hay organismos del Estado que les dan las cosas que salen?’ Ahí me quedé frío. Y yo vi que él era una persona que no tenía visión del mundo. Porque él nunca había viajado. Había como máximo ido a Uruguay. Y si usted no viajó y conoció el mundo, no tiene idea cómo es el mundo. No lo puede sacar por un diario. Entonces yo le decía: ‘Presidente, no mire para atrás, mire para adelante’. Yo le insistía. Yo fui muy inocente porque fui de frente. Podría haber conseguido mucho más cosas si hubiese actuado un poco más pícara.

Blumberg, que participó la semana pasada por la marcha en reclamo de justicia por el crimen de Fernando Báez Sosa​ (18) en Villa Gesell​, dice que varias veces le ofrecieron irse del país para trabajar en Estados Unidos, Alemania y Suiza, pero que nunca aceptó. “Uno tiene un núcleo de familia, mi hermano, amigos de toda la vida”, dice.

“Quizás si yo me hubiese hecho en Brasil esa fábrica que le hice a Axel, hoy hubiese sido un millonario importante, porque Brasil es un país que mira hacia adelante y ayuda a las empresas”, comenta.

La fábrica que Juan Carlos le había construido a su hijo está en Garín, partido de Escobar. En 2012 un incendio la destruyó por completo. “Las pericias concluyeron que fue intencional”, dice Blumberg, y explica que para quemarla arrojaron botellas con combustible por las ventanas, tipo molotov. La planta sigue en reconstrucción.

En 2017, también en la fábrica, el empresario sufrió un asalto. “Quedate piola porque te volteamos”, lo amenazaron los ladrones, apoyándole una pistola en la cabeza.

–¿Siente que sirvió de algo la lucha que emprendió después del crimen de Axel?

–Y sí, porque yo veo lo que mucha gente me dice en la calle: ‘Si se le hubiese hecho más caso a las cosas que usted dijo andaríamos mejor’. Yo me siento bien porque veo que ayudé a mucha gente, a muchas víctimas. Fíjese la familia Iraizoz. Les mataron a un hijo (NdR: Nahuel, de 19 años, en agosto de 2004). Y hoy tenemos una amistad profunda de años. Yo me siento bien, con ganas de seguir luchando.

Mariano Gaik Aldrovandi

EMJ

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