Tanto para el dueño como para la mascota, los «besos caninos» son una de las mejores formas de expresar cariño. Pero pocos saben (o tienen en cuenta) que detrás de este contacto tan habitual hay probabilidades reales de enfermarse.
¿Por qué? El problema radica en que los perros usan sus lenguas para explorar ¡todo! Lamen el piso, a otros perros o a ellos mismo.
Según el American Kennel Club, incluso, aproximadamente uno de cada cuatro perros comió restos fecales al menos una vez, y más o menos, uno de cada seis lo hacen como un hábito. Muchas de esas cosas, en particular la material fecal, pueden contener agentes patógenos (infecciosos) dañinos para el ser humano.
Por otro lado, lo peor que podría pasar después de un beso canino es contraer un parásito como el Toxocara canis: es una ascáride (también conocido como lombriz intestinal) que puede causar neumonía o incluso ceguera irreversible si la larva encuentra como llegar a los ojos.
«Los perros son el huésped biológico de esos gusanos, pero cuando se alojan en los humanos, pueden tener consecuencias más severas», indicó Kathryn Michel, una profesora en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos. Los gatos también tienen su propia versión del gusano, llamado Toxocara cati.
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