Investigaciones presentadas en un congreso internacional aportaron nuevas evidencias sobre los cambios digestivos, cardiovasculares y emocionales asociados a la menopausia. También analizaron el papel de la actividad física y la importancia del acompañamiento de la pareja.
La menopausia es una etapa natural en la vida de las mujeres que se establece después de 12 meses consecutivos sin menstruación. Aunque suele asociarse principalmente con los sofocos y el fin de la etapa reproductiva, sus efectos sobre el organismo son mucho más amplios y pueden comprometer la salud digestiva, cardiovascular y emocional.
El descenso de los niveles de estrógenos provoca modificaciones que pueden repercutir en la calidad de vida, las relaciones personales y las actividades cotidianas. En ese contexto, nuevas investigaciones presentadas durante el Congreso Anual 2026 de The Menopause Society, realizado en San Diego entre el 20 y el 24 de octubre, aportaron información sobre distintas manifestaciones de este proceso.
Los trabajos, que incluyeron poblaciones de hasta 4.700 mujeres, permitieron identificar cuatro aspectos relevantes para comprender mejor esta etapa y avanzar hacia estrategias de prevención y atención médica más integrales.
Los trastornos digestivos y la ansiedad, dos problemas relacionados
Uno de los estudios, realizado con más de 1.800 mujeres de entre 40 y 60 años, encontró que más del 65% de las participantes en transición menopáusica experimentaba hinchazón abdominal y gases con una intensidad superior a la habitual.
La investigación examinó los síntomas gastrointestinales y los niveles de ansiedad durante las distintas etapas: premenopausia, perimenopausia y posmenopausia. Los resultados mostraron que las molestias digestivas se mantenían relativamente constantes, mientras que los síntomas de ansiedad presentaban variaciones.
La mayor proporción de mujeres con ansiedad moderada o grave se registró durante la perimenopausia, con un 19,2%, frente al 14,6% observado en la premenopausia. En la posmenopausia, el indicador se mantuvo cercano al 19%.
Los investigadores señalaron que existe una posible relación entre el funcionamiento intestinal y el cerebro. Los cambios hormonales podrían favorecer una interacción en la que las molestias digestivas intensifican la ansiedad y, a su vez, los estados de ansiedad agravan los síntomas intestinales.
El equipo de la Universidad de Calgary, encabezado por Sanjana Solomon, anticipó que continuará investigando los perfiles de la microbiota intestinal para comprender mejor esa conexión.
La menopausia antes de los 40 años y el riesgo cardiovascular
Otro de los hallazgos se concentró en las mujeres que atraviesan la menopausia antes de los 40 años, una situación conocida como menopausia prematura y que se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
El estudio incluyó a más de 4.700 mujeres posmenopáusicas de entre 45 y 64 años, con un seguimiento promedio de 21,4 años. Durante ese período se registraron 1.570 episodios cardiovasculares.
Uno de los datos más significativos fue que las mujeres que habían experimentado una menopausia prematura presentaban niveles de insulina un 9,3% superiores a los de aquellas que dejaron de menstruar a partir de los 45 años.
Los investigadores consideran que la resistencia a la insulina podría constituir uno de los mecanismos que vinculan el cese temprano de la función ovárica con el deterioro de la salud cardiovascular. Esta alteración dificulta el aprovechamiento de la insulina por parte del organismo y obliga al páncreas a producir mayores cantidades de la hormona.
No se encontraron diferencias equivalentes en los niveles de glucosa en ayunas ni una asociación similar entre las mujeres que tuvieron una menopausia temprana, es decir, entre los 40 y los 44 años.
Los resultados refuerzan la importancia de prestar especial atención a la salud metabólica y cardiovascular de las mujeres que atraviesan esta etapa antes de los 40 años, con controles médicos y estrategias preventivas oportunas.
La pareja también necesita información y herramientas para acompañar
Una tercera investigación, realizada en Canadá y el Reino Unido con cerca de un centenar de hombres que son o fueron pareja de mujeres durante la transición menopáusica, puso de manifiesto una dificultad poco abordada: la falta de información y preparación para acompañar este proceso.
En Canadá, el 68% de los participantes reconoció que sabía poco o nada sobre la menopausia antes de que su pareja comenzara a atravesarla. En el Reino Unido, solamente el 43% consideró que tenía conocimientos suficientes para brindar un acompañamiento adecuado.
Entre los problemas mencionados aparecieron la pérdida de intimidad y conexión física, las dificultades para comprender los cambios emocionales, las tensiones en la relación y la falta de recursos educativos destinados específicamente a los hombres.
En el Reino Unido, la mitad de los encuestados consideró que los hombres no reciben suficiente orientación durante la transición menopáusica de sus parejas. En Canadá, el 88% nunca había buscado ayuda, aunque el 90% manifestó que un programa de acompañamiento podría resultar útil.
Los autores destacaron que la menopausia no es una experiencia que afecte exclusivamente a las mujeres, ya que sus consecuencias también pueden repercutir en la convivencia y las relaciones de pareja. Por eso, consideraron necesario ampliar la información y generar espacios que permitan comprender mejor los cambios físicos y emocionales de esta etapa.
La actividad física aparece como una herramienta para reducir los síntomas
El cuarto trabajo analizó la relación entre el ejercicio y los síntomas de la perimenopausia. La investigación incluyó a más de 1.800 usuarias de la aplicación Flo, distribuidas en 87 países de seis continentes.
Las participantes informaron con qué frecuencia realizaban actividad física, desde aquellas que no practicaban ejercicio hasta las que lo hacían más de cinco días por semana. Posteriormente, los investigadores evaluaron la intensidad de los síntomas corporales, psicológicos y urogenitales.
Los resultados mostraron una asociación entre una mayor frecuencia de actividad física y una menor intensidad de los síntomas en las tres dimensiones analizadas.
La relación fue particularmente significativa en el aspecto psicológico, donde se observaron menores niveles de malestar vinculados con el bajo estado de ánimo, la irritabilidad y la ansiedad entre las mujeres que realizaban ejercicio con mayor regularidad.
Los investigadores señalaron que el movimiento y la actividad física pueden constituir herramientas accesibles para mejorar el bienestar durante la transición menopáusica, aunque aclararon que se necesitan nuevos estudios para profundizar en esta relación.
Un abordaje integral de la menopausia
Los cuatro estudios presentados en el encuentro científico aportan nuevas evidencias sobre una etapa que involucra mucho más que cambios hormonales y el cese de la menstruación.
Las investigaciones ponen el foco en la conexión entre la salud intestinal y emocional, los posibles riesgos cardiovasculares de la menopausia prematura, la necesidad de incorporar a las parejas en el proceso de acompañamiento y los beneficios asociados con la actividad física.
Los especialistas coinciden en la importancia de abordar la menopausia desde una perspectiva integral, teniendo en cuenta tanto los síntomas físicos como los emocionales y sociales. La detección temprana de posibles complicaciones, los controles médicos y la adopción de hábitos saludables pueden contribuir a mejorar la calidad de vida durante esta etapa.
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