El acuerdo que destrabó la reforma laboral en el Senado muestra un giro pragmático del Gobierno libertario, obligado a negociar con gobernadores, sindicatos y la oposición dialoguista para evitar un nuevo traspié legislativo. La ley sale, pero sale distinta a la versión dura que se había dictaminado en diciembre.
El dato central es que el oficialismo resignó banderas ideológicas clave a cambio de velocidad parlamentaria y previsibilidad política. No hubo épica de “mercado puro”: hubo cálculo.
La eliminación del artículo que reducía Ganancias del 30% al 27% para grandes empresas es la concesión más pesada.
📌 Ganan las provincias, que preservan coparticipación.
📌 Gana Nación, que no resigna recaudación en un contexto fiscal frágil.
📌 Pierde el dogma libertario, que había puesto la baja de impuestos como eje.
Este punto fue clave para alinear a gobernadores y senadores provinciales.
Lejos de una ruptura con el modelo sindical argentino, la reforma congela por dos años los aportes compulsivos, aunque con topes:
Hasta 2% para sindicatos
Hasta 0,5% para cámaras empresariales
Recién desde 2028 esos aportes pasarán a ser voluntarios. En la práctica, es una victoria táctica de la CGT, que logra tiempo y previsibilidad financiera.
El Gobierno quería bajar el aporte del 6% al 5%. No pudo.
Se mantiene el 6% obligatorio.
El único “avance” libertario es la facultad de auditoría para la Superintendencia de Servicios de Salud.
Otra señal clara de que no hubo reforma estructural del sistema, sino retoques.
Aunque el texto no entra en detalles finos, el mensaje político es claro:
👉 No se avanza con un cambio disruptivo en el esquema de indemnizaciones.
Se evita así un conflicto frontal con sindicatos y se protege el consenso logrado.
El acuerdo político incluye algo tan importante como el contenido:
Votación por títulos, no artículo por artículo.
Objeciones acotadas y anticipadas.
Sesión rápida, sin show ni sorpresas.
El Senado funciona acá como cámara de contención, no de debate profundo.
Lectura final
La reforma laboral no es la que quería el Gobierno, pero es la que puede aprobar.
El oficialismo entendió que, sin mayoría propia, la pureza ideológica no pasa en el Congreso.
Sale una ley:
Menos rupturista
Más gradual
Con concesiones explícitas al sistema sindical y a las provincias
En términos políticos, Bullrich logra aprobar, pero el costo es aceptar que el poder real todavía se negocia.
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