28 octubre 2020 11:20

Nota de opinión: Dólar, sexo en Diputados y mucha hipocresía

En un solo día de octubre de 2008, Néstor Kirchner compró US$ 2 millones
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Un mediodía de la última semana, a lo largo de dos cuadras de la calle Florida: siete personas haciendo cola frente a una multitienda que anunció su salida del país, un par de manteros, diez “arbolitos”.

“Para los argentinos el dólar no es una moneda extranjera”, resumió un diario español. La explicación no tiene que ver ni con caprichos ni con sentimientos antipatrióticos. Como dijo alguna vez Bill Clinton, “es la economía, estúpido”. Por eso no alcanza con la exhortación lanzada por el presidente Alberto Fernández llamando a ahorrar en pesos. Mucho menos con la que hizo en igual sentido el jefe de Gabinete Santiago Cafiero, después de un fallido memorable en “A dos voces”: “Lo que nosotros tenemos que promover es el ahorro en dólares, obviamente” y siguió hasta que uno de los periodistas le señaló el lapsus. El desliz freudiano del funcionario se comprende: según planteó Patricia Bullrich, en una declaración jurada a principios de año, Cafiero registraba ahorros en dólares; él aclaró después que ya los había vendido. Lógica pura: si los vendió, es porque antes los tuvo.

A su turno, antes y ahora, bajo cualquier signo ideológico, todos los funcionarios manifestaron su aprecio por esa moneda: cuando era opositor, Alberto F. se indignó ante el cepo de Cristina Kirchner porque no le permitía comprarlos y habló de cercenamiento de libertades; Aníbal Fernández admitió tenerlos en 2012 “porque se me antoja, es mi derecho, hago lo que quiero con mi plata”. Y el mismísimo Néstor Kirchner declaró plazos fijos en verdes, con un rendimiento asombroso; en apenas un día compró US$ 2 millones en medio de la crisis financiera internacional de octubre de 2008, y fue en la caja de seguridad de su hija, Florencia, allanada por la Justicia, donde se encontraron varios millones con la cara de Benjamin Franklin.

¿En qué quedamos entonces? ¿Hay traición a la patria? ¿O, en todo caso, el mismo pragmatismo que impregna al resto de los argentinos cuando se inclinan por el dólar, sazonado con una pizca de hipocresía? “Si la Argentina entendiera que tiene que hacer un ejercicio, como sociedad, para entender que tenemos que fortalecer nuestra moneda, cuidar nuestro peso, que tenemos que acostumbrarnos a ahorrar en pesos…”, dijo el Presidente. Lo único que puede entender la sociedad es que su dinero se deprecia día a día por una inflación que nadie sabe cómo controlar. Tal vez un plan económico, eso de lo que dice descreer el propio Fernández, ayudaría.

En un video de 2012 que se viralizó estos días, el periodista Tomás Bulat, da la explicación más clara sobre por qué en la Argentina se ahorra en dólares. Comparando un billete de $100 y uno de US$ 100, dijo: “Para ser moneda se necesitan tres requisitos. Primero, que sirva como moneda de cambio, quiere decir, que te doy 100 pesos y vos me das un bien, como un café. Segundo, referencia de valor, quiere decir que pregunto ¿cuánto vale tu camisa? 150 pesos…Y tercero, es reserva de valor, es decir, me guardo el peso, lo uso en tres meses y compro lo mismo que podía comprar hace tres meses”, enumeró, y redondeó entonces: “Para comprar y vender, cumple. Para referencia de valor parte sí y parte no, un departamento te lo digo en dólares, ya no para todo. Tercero, ¿ahorrás en esto? No. Entonces no tenemos dinero, porque no cumple los requisitos”.

La historia no tiene nada de nueva ni original. Allá por 1948, siendo presidente, Juan Domingo Perón preguntó a un grupo de obreros “¿han visto alguna vez un dólar?”. La respuesta era obvia. Un par de décadas más tarde, en un sketch de televisión, un hombre le decía a José Marrone que lo habían estafado: en vez de una moneda de un peso le habían dado una de un dólar. El cómico lo miraba incrédulo y exclamaba: “¿Una estafa? Esta vale 130 y pico de la nuestra”. Y sugería, mirando a cámara: “En vez de hacer pesos, que hagan dólares. Vos hacés dólares y no tenés problema- El único problema es conseguir la tinta verde”.

En esta Argentina cada vez más cercana al realismo mágico, en plena sesión de Diputados vía Zoom, el legislador Juan Ameri apareció en cámara tocando y besando las lolas recién operadas de su pareja. Fue obligado a renunciar. Más allá de dejar la banca, la pregunta es cómo llegó a ocuparla. Diana Conti, presidenta del Partido de la Victoria, al que pertenece Ameri, admitió que se hablaba de acoso sexual a menores ya cuando se armaron las listas, pero que como no había una denuncia penal formal, Ameri fue incluido. “Hoy en día tiene denuncias penales”, afirmó en LN+. Sin embargo, fue la viralización de su testeo de implantes mamarios lo que consiguió sacarlo del Congreso.

Por Silvia Fesquet (Clarín)

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