El Gobierno argentino logró un acuerdo financiero con Estados Unidos que, según confirmó el secretario del Tesoro Scott Bessent, busca dar oxígeno a la Casa Rosada en medio de la inestabilidad cambiaria. La negociación, que se aceleró en la previa de la apertura de los mercados, tuvo un pedido concreto desde Washington: que Javier Milei ordene su frente político y asegure mayor capacidad de maniobra en el Congreso.
Fuentes oficiales admiten que Donald Trump y su equipo advirtieron sobre la necesidad de construir mayorías legislativas que permitan sostener las reformas económicas, en especial la laboral y la tributaria, y garantizar la continuidad del programa. “Nos pidieron una sola cosa: recuperar control político en el Parlamento”, resumió un funcionario cercano a las tratativas.
En la Casa Rosada reconocen que la llave de la gobernabilidad estará en los gobernadores. Allí, Milei ve la posibilidad de articular con al menos una docena de mandatarios provinciales con intereses comunes. Sin embargo, no todas las relaciones son fluidas: la competencia electoral y viejas promesas incumplidas dejaron heridas abiertas en algunos distritos.
El acuerdo con Washington fue celebrado por empresarios y mercados como un alivio inmediato, pero también abrió interrogantes sobre el mediano plazo. El oficialismo deberá enfrentar un escenario legislativo complejo luego de octubre, con la obligación de negociar con opositores para avanzar en sus proyectos. La construcción de un pacto político aparece como condición indispensable.
Más allá de lo explícito, en ambos gobiernos sobrevuela otro trasfondo: la disputa geopolítica en torno a la presencia de China en sectores estratégicos como la minería de tierras raras. Aunque no formó parte de las exigencias formales, en el entorno de Trump reconocen que se sigue de cerca la influencia asiática en el país.
En paralelo, Milei deberá ordenar su propio gabinete y la dinámica interna de la toma de decisiones, que hoy se encuentra dispersa entre varios actores: el asesor Santiago Caputo, el jefe de Gabinete Guillermo Francos, el ministro del Interior Lisandro Catalán y el presidente de Diputados Martín Menem. Estados Unidos, sin mencionarlo abiertamente, espera señales de mayor cohesión en el manejo del poder.
La ayuda norteamericana refuerza la alianza estratégica con la administración Trump y da oxígeno a la gestión libertaria en la previa electoral. Sin embargo, la advertencia es clara: sin acuerdos políticos internos, el respaldo externo difícilmente alcance para sostener el rumbo.
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