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Doble crimen de Paloma y Josué: sin detenidos, cinco sospechosos y un pastor en la mira

Los adolescentes fueron asesinados en enero en Florencio Varela. La investigación avanza entre dos hipótesis: un crimen ritual vinculado a una iglesia evangélica y un hecho de inseguridad relacionado con personas en situación de calle. Aún se esperan resultados clave de ADN.

Paloma Gallardo (16) y Josué Salvatierra (14) salieron de sus casas en Florencio Varela el 30 de enero con una excusa habitual: dijeron que iban al gimnasio. Horas después, las cámaras de seguridad los registraron caminando juntos hacia un descampado cercano. Dos días más tarde, sus cuerpos fueron hallados a pocos metros del puente de Bosques.

Desde entonces, pasaron seis meses sin avances determinantes. La investigación se encuentra estancada: no hay imputados, solo seis personas bajo la lupa y una línea de investigación que apunta a un pastor vinculado a una congregación religiosa ubicada a 60 metros del lugar del crimen.

Dos líneas, una causa abierta

La causa, a cargo del fiscal Darío Provisionato, se mueve entre dos hipótesis:

Una conexión con una iglesia evangélica, llamada “Familias Sanas”, que funcionaba en uno de los galpones cercanos.

Un hecho de inseguridad, posiblemente perpetrado por personas en situación de calle que frecuentaban la zona.

El predio donde ocurrieron los asesinatos es un área de pastizales, basura y viviendas precarias, considerado peligroso por los vecinos. Allí aparecieron los cuerpos: Paloma, boca abajo; Josué, boca arriba. No tenían mochilas, celulares ni dinero. La autopsia reveló lesiones mortales en el cráneo causadas por golpes con piedras. No hubo indicios de abuso sexual.

En la escena se halló una piedra ensangrentada, una botella con restos de sangre y señales de ocupación reciente: cocinas improvisadas y carpas.

Un pastor en el foco familiar

Una de las líneas impulsadas por la familia de Josué apunta a un pastor que estuvo a cargo del espacio religioso hasta 2019 y que, tras el crimen, mantuvo una relación cercana con los padres de Paloma. Su comportamiento generó dudas: estuvo ausente durante los días de búsqueda, cerró sus redes sociales repentinamente y, según allegados, poseería información que no compartió.

En junio, la Justicia allanó el predio donde funcionaba la congregación. Solo se incautó un teléfono celular que aún no fue peritado. Si bien el entorno de Josué insiste en vincular al pastor con el hecho, el fiscal no lo considera formalmente sospechoso ni prevé citarlo por ahora.

Incluso circula una versión sobre posibles rituales u “ofrendas” dentro de la comunidad religiosa. Pero hasta el momento, no hay evidencia que respalde esa teoría.

Sospechosos en la calle y un expediente sin rumbo

Paralelamente, se investiga la posible participación de personas en situación de calle que se movían por la zona. Se identificaron seis nombres a partir de registros municipales. Uno de ellos fue descartado por razones de salud —está internado en el Hospital Borda— y el resto aún no fue localizado ni imputado.

Fuentes judiciales señalaron que varios de los señalados tienen antecedentes por delitos menores, lo que no termina de sostener la hipótesis de un doble homicidio con violencia extrema.

La familia de Josué denuncia presiones políticas para cerrar el caso sin esclarecer los hechos: mencionan intentos de silenciar su reclamo mediante ofrecimientos de ayuda social o empleo y desalientan movilizaciones.
“Nos dijeron que no era momento de hablar del tema”, contó un allegado.

ADN, celulares y una pista en Río Negro

La causa también espera desde marzo resultados de ADN clave. Las muestras tomadas en la escena revelaron un tercer patrón genético, aún sin identificar, que podría orientar la investigación. El análisis está demorado por problemas en el laboratorio forense de la provincia de Buenos Aires.

En paralelo, se produjo una detención en Río Negro, cuando la Policía Federal ubicó uno de los teléfonos de Josué encendido con el IMEI clonado. Un comerciante fue arrestado, pero más tarde quedó libre tras declarar que lo había comprado por Facebook sin saber su procedencia.

Sigue bajo observación solo por el recorrido del celular, pero sin conexión directa con el hecho.

Un crimen brutal, aún sin justicia

Paloma y Josué eran vecinos, estudiantes de la misma escuela secundaria y mantenían una relación reciente. Aquella tarde de enero, solo buscaban verse a solas. Eligieron el descampado de Avenida Calchaquí y Capdevila, un espacio conocido, alejado de la vista de adultos.

El crimen sacudió al barrio y generó una fuerte movilización inicial. Pero con el paso del tiempo, el expediente se diluyó entre traslados de fiscalía, múltiples teorías y escasa evidencia concreta.

Hoy, seis meses después, la causa no tiene imputados, las pruebas clave siguen pendientes y el dolor de las familias permanece intacto, con un reclamo claro: saber quién mató a Paloma y Josué, y por qué.

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