Nora Dalmasso y Marcelo Macarrón durante unas vacaciones, tiempo antes del crimen

Por Rodolfo Palacios

Una de ellas, antes de refugiarse en un convento con monjas, dijo que se había ido de Río Cuarto para no terminar como Nora. La otra habló de un clan mafioso que se reunía en comilonas y al que solo le importaba el poder y el dinero.

Una es Alicia Susana C., ex amante de Marcelo Macarrón, el viudo de Nora Dalmasso que irá a juicio oral acusado de mandar a matar a su esposa el 26 de noviembre de 2006. La otra es María Delia Grassi, su ex suegra.

Para el fiscal Luis Pizarro, los testimonios de esas mujeres sostienen, entre otros indicios, la acusación en contra del viudo que aceptó ser juzgado por un jurado popular.

En la elevación a juicio, Pizarro considera que Macarrón contrató a un sicario que mató a su esposa mientras él jugaba un torneo de golf en Punta del Este que terminó por ganar. Habla de “desavenencias matrimoniales”.

En el escrito que presentó a través de su abogado Marcelo Brito, que Infobae reveló en exclusiva el domingo pasado, Macarrón acepta ser juzgado para demostrar su inocencia y que orienten la pesquisa a “los verdaderos asesinos”. Pero en un apartado de la presentación se refiere a su ex amante (cuyo apellido se mantiene en reserva porque la exposición de su identidad en el caso la llevó a la medicación psiquiátrica) y a su ex suegra.

“Consideraré los testimonios de los que el fiscal se vale para dar por cierto la existencia de determinados hechos a los cuales les atribuye calidad de indicios con los que construye una historia de las supuestas graves desavenencias matrimoniales existentes al tiempo de la muerte de Nora, en virtud de las cuales desavenencias mi esposa quería divorciarse; y, además, que el móvil por el cual yo contraté a un/os sicario/s para que diera/n muerte a mi cónyuge, ya que yo era un avaro y pijotero que no quería que como consecuencia de nuestro divorcio, y especialmente, de la liquidación de la sociedad conyugal, Nora se quedara con la mitad de los bienes gananciales de la mentada sociedad”, refleja Macarrón a través del escrito judicial.

Su abogado y él consideran que los testimonios de Alicia Susana C. y la madre de Nora no son prueba testimonial y fueron valorados “conforme a las reglas de la sana crítica racional”.

Macarrón recuerda que en una declaración testimonial que prestó el 2 de enero de 2007 ante el fiscal Javier Di Santo, por entonces en la causa, le preguntaron si tenía alguna relación extramatrimonial.

“Respondí que no consideraba como una relación de ese tipo a un contacto que había empezado a mantener esporádicamente desde hacía aproximadamente tres años con Alicia, el que había finalizado un año atrás. Que en esos dos años yo había tenido contacto sexual con dicha persona en tres o cuatro oportunidades”, rememora Macarrón.

A partir de sus dichos, el 21 de febrero de ese año citaron a declarar a su presunta amante, quien dijo que tenía con Macarrón “una amistad desde hacía muchos años” y que lo había conocido por su profesión de médico unos 15 años atrás. A lo que el viudo agregó: “Que sólo había sido un trato de conversaciones amenas, de encuentros amistosos en lugares públicos, que también se había hecho tratar conmigo y que había realizado trabajos de vitrales en un ventanal de mi casa. Dijo también que nunca había tenido conmigo… una relación que superara lo descripto, jamás existió una relación íntima conmigo…”.

Alicia Susana C. volvió a ser citada el 27 de julio de 2018, pero la mujer presentó un certificado psiquiátrico y se excusó. En el certificado, firmado por el médico psiquiatra Jorge Rocha, se dice que la mujer presenta “un trastorno de ideas delirantes persistentes desencadenado a partir del asesinato de Nora Dalmasso, cuando la vincularon como amante del marido de la occisa. Dicha afección le ocasionó un deterioro de su vida profesional, laboral, social y familiar. Cualquier situación o hecho que le signifique el prolongado estrés vivenciado, le reactivan los síntomas y el aislamiento. No se encuentra en condiciones psíquicas para ser sometida a interrogatorio o preguntas como testigo en la causa…”.

Sin embargo, cinco días después el fiscal envió a uno de sus colaboradores para entrevistarla. La mujer declaró: “El homicidio de Nora Dalmasso me causó un gran daño a nivel laboral, afectivo, y profesional, ya que tuvo que dejar su trabajo de realizar vitrales con los que ganaba mucho más que trabajando en tribunales”.

Manifestó que luego del asesinato siguió trabajando un tiempo más, porque empezó a ver a un psiquiatra en Río Cuarto, pero se tuvo que ir de la ciudad. “Me tuve que jubilar por lo que me provocó esta causa, en la actualidad no tengo vida social, no salgo ni tengo amistades a causa de lo que viví, y si tengo que salir lo hago tapada o con otro nombre”, dijo.

-¿Por qué la causa le afectó tanto? –le preguntaron.

-Él (por Macarrón) dijo que yo era su amante, pero no lo fui. Solo eran encuentros casuales, yo no tenía compromiso con nadie, y no fue una relación amorosa ni afectiva con él. A partir de lo que dijo él, salió en todos los medios, los periodistas y las cámaras me seguían, y llegué a tener periodistas en el techo de mi casa. Creo que él me nombró como su amante porque a nadie le gusta que le digan cornudo, y pretendió salvar su hombría mencionándome. Y es por eso que quedé en el medio.

Declaró que su hija y sus padres, “que estaban viejitos”, se pusieron “muy mal” por la noticia. “Y me tuve que ir de Río Cuarto, perdiéndolo todo, ya que vendí mi casa y regalé todo lo que había dentro. Luego viví en San Luis, primero con unas monjas que me acompañaron y luego con mi hija”.

-¿Conoció a Nora?

-Sí, cuando fui a realizar un trabajo de vitreaux a su casa. Ese trabajo lo hice no recuerdo cuántos años antes del crimen. En ese momento no tenía ningún tipo de relación con Macarrón.

-¿Después de que Macarrón declarara sobre usted tuvo contacto con él?

-Sí, lo llamé para putearlo.

-¿Y él que le respondió?

-No recuerdo, supongo que se habrá justificado, pero es una etapa de mi vida que he bloqueado y no recuerdo. Si hubiese tenido alguna historia afectiva con él, le hubiese puesto el pecho. Pero solo fue un revolcón, fueron tres o cuatro veces. No lo conocí desde el punto de vista emocional, lo conocí desde el punto de vista práctico. Si yo estaba sola, lo llamaba, nos veíamos, tomábamos algo y teníamos relaciones.

-¿Fue amenazada por este tema?

-Mi psiquiatra dice que son fantasías, que yo sentía avisos subliminales. Cambié los números de teléfonos y de pronto la gente sabía mi nuevo número. Los cambié varias veces, también cambié direcciones de mail, y cerré y abrí varias veces el Facebook. Pero no recibí ninguna amenaza directa. Solo me sentía perseguida. Sentí miedo de que me pasara algo, pero no es miedo a alguien en particular sino que miedo porque esto no se resuelve, y me siento desprotegida.

Respecto a Macarrón, dijo que si se lo llegara a cruzar, si lo viera venir a la distancia ella se escondería, pero no por miedo. “Sino porque es una persona que me es indiferente, no me interesa”.

-¿Se enteró que fue imputado?

-A través de los medios, previamente a que mi psiquiatra me prohibiera ver las noticias. A pesar de haber tenido una relación esporádica con él, no creo que pudiera haber estado con alguien que tenga una mente retorcida.

-¿Cómo se enteró de la muerte de Dalmasso?

-Fue un lunes, estaba yendo a trabajar, me llamó mi hija y me dijo: “Mamá, hubo un crimen, ¿es verdad que la mataron a la señora del doctor Macarrón?”. Yo estaba en Pergamino. Llegué y fue todo una conmoción. Lo llamé por teléfono a Macarrón, y le pregunté si era cierto, y él me respondió que “sí, es cierto, estoy volviendo”. El llamado fue a modo de preguntarle si era verdad, y darle mis condolencias. Fue conmocionante, no recuerdo cómo lo noté a Macarrón, si estaba triste o no. Solo recuerdo que me dijo que estaba volviendo, pero no sé de dónde, no sabía dónde él se había ido. No recuerdo haberlo visto después de esa llamada.

El 29 de abril de este año, el fiscal Pizarro recibió la declaración de Alicia Susana. C en la sede de la Policía Judicial de Córdoba. Allí repitió, palabras más, palabras menos, lo que dijo en la anterior declaración. Solo que declaró que la relación con Macarrón “tenía una antigüedad de 20 años”.

En el escrito que elaboró con sus abogados, Macarrón analiza: “En su casa fue interrogada por detectives no individualizados, pero comisionados por el señor Fiscal de Instrucción, días después de que se presentara ante la propia Fiscalía un certificado médico psiquiátrico cuyo contenido hemos reproducido y que no permitía abrigar duda alguna de que se trataba de una persona con problemas psiquiátricos originados en hechos vinculados con este proceso penal y con expresa previsión médica de que no se encontraba en condiciones psíquicas para ser sometido a interrogatorio o preguntas como testigo en la causa. Ello no obstante, los detectives la interrogaron como testigo, le hicieron preguntas. Por lo demás, en la causa no existe prueba científica alguna que permita tan siquiera suponer que al momento de declarar ante el señor Fiscal de Instrucción -lo que sucedió meses después del aludido interrogatorio policial- se había modificado sustancialmente la condición psíquica de la señora Alicia. Siendo ello así, puede sostenerse racionalmente que la nombrada carecía de capacidad psíquica para intervenir como testigo en esta causa”.

“Tenía miedo que me pasara lo mismo que a Nora”, repitió la mujer ante Pizarro. En su acusación, el fiscal afirma: “El temor se deriva de algo que sabía consciente o inconscientemente de su amante Marcelo Macarrón, que permite como un indicio más sospechar de él como partícipe de la muerte de su esposa”.

Sobre la ausencia de la mujer en Río Cuarto, el fiscal dedujo en su elevación a juicio que “…permiten sospecharse como partes de un entramado previo al hecho, para excluir a la amante de la ciudad, y evitar así sobre ella cualquier sospecha, en la posibilidad de que se descubra la relación entre ambos”. Sin embargo, la testigo dijo que estaba en Pergamino ese fin de semana porque tiene familiares allá y era un viaje que solía hacer varias veces al año.

El testimonio de esta mujer, según Macarrón, “es recogido por el Acusador Público como elemento clave en la mecánica de la acusación. Esto carece de todo sustento y se muestra como un intento, huérfano de toda prueba, de construir vanamente un juicio de probabilidad”.

La otra mujer que según Pizarro perjudica a Macarrón como presunto autor intelectual del crimen de su esposa Nora es la madre de la víctima.

¿Nora le pidió el divorcio el día de su cumpleaños?

“Si la mató mi yerno, esto es horroroso”, le dijo la madre de la víctima, María Delia Grassi, al periodista Alejandro Fara, del diario El Puntal de Río Cuarto, hace unos años. Al diario La Voz del Interior le reveló su mayor sospecha: “A Marcelo (Macarrón) lo he querido como yerno, no puedo decir que sea él y tampoco lo creo. Pero una persona sola no ha sido, ha venido bien planificado. La mató o la mandó a matar una mafia, como un clan. Alguna cosa sabría ella. Mi yerno estaba con toda esa gente en asados y comilonas”.

La mujer tiene ahora 85 años y no está en condiciones de declarar. Pero en su escrito, Macarrón revela que su ex suegra tenía otro sospechoso. Lo que llama “una omisión” del fiscal.

“El policía que la entrevistó el 13 de junio de 2018 dejó consignado que con respecto a M.R. (las iniciales son para resguardar la identidad del mencionado), la entrevistada manifiesta que fue él quien mató a Nora y que en cuanto al ADN se arregló, no era de él; piensa que este fue el que se metió en su casa y que Nora le puede haber abierto la puerta. Que R. tiene cosas feas en su juventud que se supieron después, pero ella le tiene miedo a la mafia y que pueden terminar todos muertos”.

“Frente a este dato, ¿qué hizo el señor Fiscal para profundizar esta línea de investigación? El Actor Penal Público, lejos de iniciar cursos pesquisitivos que implicaren una sospecha en la persona de R., poco más de un mes después de la entrevista, mandó, justamente, a entrevistarlo en calidad de testigo a pesar de que, como se vio, existía una explícita sindicación sobre su responsabilidad penal”, considera Macarrón en el escrito que envió a la Fiscalía Número 1 de Río Cuarto.

El 2 de mayo de 2019, Grassi declaró: “El día del cumpleaños de mi yerno, el 20 de noviembre de 2006, seis días antes del crimen de Nora, yo estaba en la casa de Nora, en la casa del golf, y Nora venía con una bandeja de merengues en la mano, y tras ella venía Rita, la suegra de Nora, mamá de Marcelo. Y Rita le dijo a Nora, ‘qué ricos los merengues que le hiciste para mi hijo’, y Nora le respondió: ‘No sé,…me parece que me voy a separar de su hijo’ o ‘le voy a pedir el divorcio’, una cosa así. Esa fue la única vez que yo lo escuché, después de eso nunca más se habló de eso”.

Para concluir, Macarrón considera que los testimonio de las dos mujeres no son prueba de nada. “Son una muestra más que elocuente respecto de las fisuras y falacias que cimentan la pieza acusatoria. De todo ello, nada se hace cargo la acusación en cuestión. Pero estas deficiencias no son las únicas que se advierten en la acusación formulada en mi contra. Ilustrativamente, carece de fundamento porque se opta y acepta la existencia de una crisis matrimonial en base a determinados testimonios brindados en la causa cuando otros testimonios, también, brindados en este proceso penal dijeron lo contrario”.

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