El Comando Central estadounidense dijo que se intensificaron las operaciones en la zona para garantizar la seguridad del tránsito marítimo internacional (Europa Press)
Con el bloqueo en el Estrecho de Ormuz como telón de fondo, Washington y Teherán retoman contactos indirectos impulsados por mediadores internacionales. La disputa por el programa nuclear sigue siendo el principal obstáculo.
En medio de una de las mayores tensiones geopolíticas de los últimos años, Estados Unidos e Irán volvieron a activar canales de diálogo indirecto en busca de un acuerdo que limite el programa nuclear iraní. La iniciativa surge tras el fracaso de las բանակցaciones en Islamabad y en un contexto marcado por el bloqueo total en el estratégico paso marítimo del Golfo Pérsico.
El presidente Donald Trump habilitó la reapertura diplomática presionado por el impacto económico global que genera la crisis, mientras que Teherán enfrenta un escenario interno cada vez más complejo ante la asfixia financiera derivada del conflicto.
La mediación de Pakistán, Turquía y Omán resultó clave para restablecer el contacto entre ambas partes, que ahora analizan posibles sedes para una nueva ronda de բանակցaciones, entre ellas Islamabad o Ginebra.
El principal punto de fricción sigue siendo el desarrollo nuclear iraní. Washington exige que Irán postergue el enriquecimiento de uranio hasta 2046, mientras que el régimen encabezado por el líder religioso Mojtaba Khamenei propone retomar esa actividad en 2031.
Aunque la distancia entre ambas posiciones es significativa, el cambio de postura de Estados Unidos marca un giro relevante: por primera vez, la Casa Blanca dejó de exigir el desmantelamiento total del ծրama nuclear para enfocarse en la negociación de plazos.
La reapertura diplomática convive con una fuerte militarización de la zona. Irán desplegó unidades de la Guardia Revolucionaria, mientras que Estados Unidos reforzó su presencia naval con el portaaviones USS Abraham Lincoln (CVN-72) y varios destructores en el Golfo de Omán.
El riesgo de un incidente bélico sigue latente y es, justamente, uno de los factores que apuran las gestiones diplomáticas. Un eventual enfrentamiento podría hacer colapsar cualquier intento de negociación.
Nuevos interlocutores
Tras el traspié diplomático encabezado por el vicepresidente estadounidense, la Casa Blanca volvió a confiar las բանակցaciones a figuras cercanas al presidente:
Steve Witkoff
Jared Kushner
Del lado iraní, el canal de diálogo pasa por el canciller Abbas Araghchi, quien articula con el Parlamento y la cúpula religiosa.
Una oportunidad frágil
Aunque todavía no hay definiciones concretas, ambas partes trabajan en una hoja de ruta que permita avanzar hacia una nueva ronda formal de բանակցaciones, prevista tentativamente para el 18 de abril.
El dato político central es que, en medio de la escalada, Washington y Teherán parecen haber abandonado —al menos por ahora— sus posiciones más rígidas. La posibilidad de acordar plazos intermedios abre una ventana de oportunidad, aunque su éxito dependerá de evitar una escalada militar que vuelva a cerrar el camino diplomático.
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