3 diciembre 2020 22:43

Informe inédito: de cómo un abusador llegó a ser cardenal en EE.UU.

ROMA.- La Santa Sede actuó sobre la base de información parcial e incompleta, hubo omisiones, subestimaciones, se tomaron decisiones que después resultaron equivocadas, entre otras cosas porque hubo gente que no siempre dijo lo que sabía
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El cardenal estadounidense Theodore Edgar McCarrick fotografiado en Roma el 13 de febrero del 2013 Fuente: AP

Todo esto y mucho más revela el Informe sobre el conocimiento y el proceso de de decisión institucional de la Santa Sede en relación con el excardenal(accesible online en italiano e inglés) Theodore Edgar McCarrick, realizado por la Secretaría de Estado por voluntad de Francisco, publicado hoy por el Vaticano.

Se trata de un expediente sin precedentes de más de 400 páginas, documentos y testimonios inéditos, fruto de una investigación que duró dos años requerida por el papa Francisco para intentar explicar cómo McCarrick, popular exalto prelado estadounidense a quien expulsó del cardenalato y del sacerdocio después que en 2017 se certificó una primera denuncia de abuso de parte de un menor, pudo llegar tan alto en la jerarquía eclesiástica.

Esperado con expectativa en Estados Unidos, donde McCarrick, que hoy tiene 90 años, fue durante décadas una de las figuras más respetadas e influyentes de la Iglesia católica, el informe relata minuciosamente su ascenso y caída. Y por qué, pese a que era un secreto a voces de que «el tío Ted», como se hacía llamar, solía llevar a seminaristas a pasar los fines de semana a su casa de playa, donde cometía abusos no sólo sexuales, sino también de poder, en el año 2000 llegó a ser arzobispo de Washington y en el 2001, cardenal.

McCarrick saltó a la fama internacional a fines de agosto de 2018, cuando el exnuncio en Estados Unidos, Carlo María Viganó, en una carta incendiaria acusó a diversos altos funcionarios de la curia romana e incluso a Francisco de haber encubierto sus abusos y hasta pidió la renuncia del Pontífice. Fue entonces que, pese a fuertes resistencias internas, el Papa pidió que se hiciera este informe, rompiendo la tradición de secretismo absoluto que siempre reinó en el Vaticano en cuanto a los procesos internos, revelando documentos y hechos top secret y dejando a la luz los «trapos sucios».

«La invitación que me permito dirigir a todo el que busque respuestas es la de leer el documento en su totalidad y de no pensar que encontrará la verdad en una parte en vez de otra», pidió el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, en una declaración. «Sólo a partir de la visión global y del conocimiento, en su totalidad, de lo reconstruido de los procesos de toma de decisiones concernientes al ex cardenal McCarrick, será posible comprender lo que ha sucedido», advirtió.

Una carta crucial a Juan Pablo II

Según se desprende de un resumen del informe y un artículo del director editorial de los medios del Vaticano, Andrea Tornielli, lo más novedoso del caso es que antes de ser nombrado arzobispo de Washington en 2000, McCarrick -que antes fue obispo en New York, Metuchen y Newark-, en el Vaticano aparecieron acusaciones en su contra. Tanto es así que el entonces prefecto de la Congregación para los Obispos, Giovanni Battista Re, como el nuncio en Estados Unidos, recomendaron a Juan Pablo II -que conocía muy bien a McCarrick desde 1976-, retirar su candidatura.

Pero al enterarse de esto, muy hábilmente McCarrick, el 6 de agosto de 2000, le escribió una carta al entonces secretario personal del papa polaco, el obispo Stanislaw Dziwisz. Se proclamó inocente y juró que «nunca había tenido relaciones sexuales con ninguna persona, hombre o mujer, joven o viejo, clérigo o laico». Juan Pablo II leyó la carta «y se convenció de que el arzobispo estadounidense decía la verdad y que las ‘voces’ negativas eran, de hecho, sólo voces, infundadas y no probadas», destacó Tornielli. De ahí, su designación para el puesto de Washington. Según algunos testimonios citados en el informe, agregó, «también puede ayudar a comprender el contexto de este período la experiencia personal vivida por Wojtyla en Polonia, quien durante años había sido testigo del uso instrumental de falsas acusaciones por parte del régimen para desacreditar sacerdotes y prelados». En este sentido, algo casi idéntico sucedió con el fallecido prelado mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, también culpable de terribles abusos.

Nunca hubo sanciones

El informe también confirma que, tal como en su momento había asegurado el cardenal candiense Marc Ouellett, Benedicto XVI nunca impuso contra McCarrick «sanciones» para que no viajara por el mundo, que según Viganó el papa Francisco había levantado. «Se trató de recomendaciones, dadas oralmente en 2006 y por escrito en 2008, sin mencionar el imprimatur de la voluntad del Papa», indica el Informe.

Por otro lado, el expediente también deja en claro que cuando en 2005 resurgieron acusaciones de acoso y de abuso de adultos, Benedicto XVI le pidió a McCarrick que renunciara a su cargo de arzobispo de Washington para convertirse en obispo emérito. Pero cuando su mano derecha, el entonces cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone, le propuso a Benedicto abrir una investigación, en ausencia de víctimas menores de edad y tratándose de un purpurado ya renunciado a su encargo, decidió no abrir un proceso canónico formal contra McCarrick.

El Informe deja muy mal parado al exnuncio Viganó, uno de los máximos detractores de Francisco, que siendo nuncio en Washington entre 2011 y 2016, «no realizó todas las investigaciones que se le habían solicitado». «Además, no dio pasos significativos para limitar las actividades y los viajes internacionales de McCarrick», asegura.

Transparencia

La investigación, la primera de este tipo realizada y difundida por el Vaticano y fiel reflejo de la transparencia querida por el exarzobispo de Buenos Aires, finalmente deja en claro que, desde que fue electo, a Francisco no se le entregó ningún documento o testimonio que lo hiciera consciente de la gravedad de las acusaciones contra McCarrick, que como tenía más de 80 años, no participó del cónclave de marzo de 2013.

«A Francisco se le dijo que había ‘rumores’ y acusaciones sobre ‘comportamientos inmorales con adultos’ antes de la nominación de McCarrick en Washington. Pero considerando que las acusaciones habían sido analizadas y rechazadas por Juan Pablo II y bien consciente de que McCarrick había permanecido activo durante el pontificado de Benedicto XVI, el papa Francisco no vio la necesidad de cambiar ‘lo que sus predecesores habían establecido’, por lo que no es cierto que haya eliminado o aliviado las sanciones o restricciones al arzobispo emérito», resumió Tornielli.

«Todo cambió con la aparición de la primera acusación de abuso de un menor en 2017», agregó, al recordar que fue inmediata la respuesta del papa Francisco. Al margen de obligar a McCarrick a renunciar al cardenalato, en julio de 2018,lo destituyó del estado clerical después de un rápido juicio canónico, en febrero de 2019.

Una página dolorosa de la que la Iglesia aprende

«La imagen que aparece tras la montaña de testimonios y documentos ahora publicados es, sin duda, una página dolorosa en la historia reciente del catolicismo», admitió Tornielli que, sin embargo, subrayó que a la luz de este caso, Francisco, después de la cumbre para la protección de menores de febrero de 2019, decidió cambiar la praxis interna de investigación de acusaciones de abusos, dictaminó el fin del secreto pontifico en casos de abusos y hasta publicó un manual para que los obispos sepan cómo actuar.

«En la lucha contra el fenómeno de los abusos, la Iglesia sigue aprendiendo», comentó también Tornielli, que subrayó que en las últimas dos décadas tomó cada vez más conciencia del drama de las víctimas, la necesidad de garantizar protección de los menores y de la importancia de las normas capaces a combatir este flagelo. «Y también ha finalmente tomado conciencia de los abusos cometidos contra adultos vulnerables y del abuso de poder. El caso de Thedore McCarrick -un prelado de considerable inteligencia y preparación, capaz de tejer muchas relaciones tanto en el ámbito político como en el interreligioso-, sigue siendo, por lo tanto, para la Iglesia católica, en los Estados Unidos y en Roma, una herida abierta y todavía sangrante, ante todo por el sufrimiento y el dolor causado a las víctimas».

Por: Elisabetta Piqué

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