“Guerra” de científicos en Italia por el coronavirus y una inquietante teoría

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Respetados profesores discrepan sobre la peligrosidad del virus. La baja de casos en el inicio del verano podría traer una macabra sorpresa en otoño.

Nunca los números en Italia fueron tan buenos. El domingo hubo 24 fallecidos en todo el país, el más leve desde que comenzó la pandemia. En 16 regiones no se registraron muertos y pensar que en Italia han sido tantos, en total 34.634. Los decesos fueron en Lombardía, capital Milán, 13; en Piamonte, capital Turín, 6; en Liguria, capital Génova, 4; y en Emilia Romania, capital Bolonia, 1. En todo el país hubo solo 224 contagiados, sobre un total de 238.499.

Las unidades de cuidados intensivos dedicadas a los enfermos más graves de coronavirus tienen solo 148 pacientes.

El caso italiano contrasta con el anuncio de la Organización Mundial de la Salud sobre el avance de la pandemia a nivel planetario. El domingo, en un solo día, registró el record de 183.020 nuevos contagios. Los infectados en el planeta suman 8,7 millones y los muertos 461 mil.

¿La pesadilla ha pasado en Italia, que en marzo y abril era el país europeo más castigado, con decenas de miles de muertos?

El virólogo Roberto Rigoli, primario de microbiología en el Hospital de Treviso y coordinador de los laboratorios vénetos, causó conmoción al anunciar los resultados preliminares del análisis de 60 mil muestras tomadas con hisopados, seguidos en la región desde comienzos de junio.
“Hoy vemos las cosas mucho más en positivo. Hay una señal de que el virus se está apagando”, afirma el profesor Rigoli. El Véneto tiene una red de laboratorios muy buena. “De los 60 mil tampones (hisopados) solo 210 son positivos. En el medio hay algunos que se volvieron de nuevo positivos, de los cuales 199 no son infectantes y solo 11 infectan como al comienzo de la epidemia”.

Rigoli asegura que en solo tres casos sintomáticos hay motivos de preocupación desde el punto de vista microbiológico. “Los demás son ligeros y ninguno está internado con neumología o en reanimación. Los hechos dicen que el virus es menos virulento. No tenemos más pacientes internados y ciertamente el virus circula menos, probablemente por lo que hicimos todos actuando las medidas de prevención”.
El científico sostiene: “No sé decir que pasará en el futuro”. Hay tres posibilidades, asegura: “uno, que el virus vuelva a ser virulento, pero esto me parece difícil; dos, que se haga “bueno” como tantos otros virus H1N1 que forman parte de los virus gripales, que vuelven todos los años; y tres, que siga el camino de los SARS que causaron severas epidemias en 2003 y 2004 y que después desaparecieron”. El Covid-19 tiene una secuencia similar a los SARS.

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Las afirmaciones del profesor Rigoli recibieron una severa respuesta de su colega el profesor Andrea Crisanti, que es el héroe de los venecianos pues fue quien luchando contra viento y marea, como director del Departamento de Microbiología de la Universidad de Padua, impuso el control masivo de la población mediante los hisopados y análisis serológicos de sangre. Así el Veneto contuvo mejor que ninguna otra región la expansión del coronavirus. A Crisanti le dieron el premio de “León del Veneto”.

Según Crisanti decir que el coronavirus se ha debilitado “no es ciencia, son chácharas”. Crisanti sostiene que afirmar que el virus se está apagando es un error garrafal. Según los datos de las últimas semanas, afirma, “hay algo que no está funcionando, en particular por el hecho de que la curva de los contagios sigue baja pero constante”.
Crisanti rechazó de plano la tesis de Rigoli de que muchos virus no son contagiosos porque resultan solo fragmentos del virus normal, inertes. “Quien habla de falta de infectividad de este virus no sabe lo que dice, porque se la puede medir solo en experimentos y sobre los seres humanos eso no existe. Sin números y sin medida no es ciencia, son chácharas. Como los experimentos resultan imposibles, nadie sabe cuál es la dosis de infectividad de este virus. No hay nada que comentar”.

El microbiólogo Crisanti ya entró en duras polémicas con el experto Giuseppe Remuzzi, Director del Instituto de Farmacología, quien afirmó que “los nuevos positivos no son contagiosos, hay que terminar de difundir el miedo”.
Remuzzi da minuciosas informaciones técnicas y concluye que los resultados de los estudios demuestran que “hay casos de positividad con una carga viral muy baja, no contagiosa”. “Son positividades que no tienen recaídas en la vida normal”.

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En Veneto prácticamente ya no hay contagios. El profesor Crisanti lo atribuye “a la intuición de buscar a los asintomáticos, lo que ha pagado”. Esa intuición fue la gran victoria del microbiólogo que polemizó con otros especialistas y logró demostrar la necesidad de identificar a aquellos que eran asintomáticos como grandes contagiadores, aunque no sentían los síntomas por lo que infectaban libremente a mucha gente.

El miedo a nuevos brotes del virus es, por ejemplo, importante en la Universidad de Génova, capital de la región ligure. “Los dos tercios de contagios se están produciendo en Liguria. Con los asintomáticos se forma la gran reserva para el regreso del virus en otoño (setiembre)”, explica Andrea de María, profesor en la Universidad genovesa.

“Puede haber una extensión de los contagios, que aumentarían peligrosamente la base de la infección durante el verano”, señala.

Verano y descontrol popular

Acaba de comenzar el verano y de Liguria provino la primera alarma veraniega de descontrol popular por las oleadas de turistas italianas que se largan a las vacaciones playeras. Sábado y domingo las autopistas estuvieron llenas de gente llegada de otras partes de Italia. “Pobre Liguria que se ha transformado en una pesadilla”, afirma el diario La Repubblica.

Los turistas amontonados rompiendo todas las precauciones de distancias de seguridad, uso de los barbijos y ausencia de contactos físicos fueron una especie de antipasto de lo que se viene en las vastas playas italianas si no se intensifican los controles.

Desde la vecina Lombardía en el fin de semana los autos se demoraron seis horas en las autopistas, el doble de lo habitual para llegar al mar. El gremio de los hoteles, que espera a los turistas nacionales como el maná caído del cielo, porque los turistas extranjeros que iban a millones han desaparecido, pidieron al gobernador regional, Giovanni Toti, que se elimine el pago por el uso de las autopistas para eliminar los amontonamientos de automóviles y gente, que obliga a largas esperas.

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El desorden en las renombradas playas ligures se conectó otra vez con los desaguisados de la movida en las ciudades italianas. Las fuerzas del orden, en coordinación con las regiones y el gobierno nacional, han decidido intensificar la represión. Desde este fin de semana, la vigilancia se extiende a todos los días, para impedir los amontonamientos de gente y los desórdenes de los jovenes ruidosos, agresivos y borrachos. La represión alcanza a los gestores de bares y restaurantes, que se proclaman inocentes. Las multas saladas les alcanza si no impiden que grupos de jóvenes bulliciosos se instalen afuera de los negocios.

El verano promete ser benigno después de más de tres meses de cuarentena, pero se acentúan los preparativos para afrontar una segunda oleada de la pandemia cuando llegue el otoño en setiembre-octubre.

El descenso pronunciado de los números de muertos y contagiados en las últimas dos semanas solo tuvo dos variantes: el aumento de los casos en la región de Liguria y los brotes producidos en Roma. El área urbana más numerosa del país ha pasado generosamente el examen de la cuarentena y de las medidas sanitarias. Roma y su región del Lazio figuran en la zona media de los contagios, muy lejos del tsunami de casos en el norte del país.

Pero en las últimas dos semanas en Roma hubo tres brotes rápidamente controlados pero que causaron alarma. El mayor en el hospital privado San Raffaele donde hubo 116 contagios y 5 muertos. De inmediato fue establecido una “zona roja” de total aislamiento que ha dado resultado. Otro caso estalló en el popular barrio de Garbatella, en una casa de departamentos ocupada por gente sin casa hace siete años. Allí los contagios sumaron 17 habitantes del centenar acampado en el lugar. No hubo casos graves que lamentar y también funcionó sin problemas la “zona roja”.

El tercer caso se descubrió este lunes en la Facultad Teológica de las Carmelitas Descalzas en la zona de villa Panphilli, a menos de un kilómetro del Vaticano. Cuatro seminaristas y un empleado administrativo han sido contagiados y los edificios fueron cerrados para asegurar su total aislamiento.

Julio Algañaraz.- Roma, corresponsal

Clarín.com.

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