El cometa 3I/ATLAS viaja a 60 kilómetros por segundo, un visitante interestelar que desconcierta a la ciencia por su comportamiento inusual
A una velocidad de 200.000 kilómetros por hora, el cometa 3I/ATLAS atraviesa el Sistema Solar y genera asombro entre los astrónomos por su comportamiento inusual. El objeto, detectado por primera vez en julio de este año, alcanzó su punto más cercano al Sol y se prepara para una etapa clave de observación antes de su máximo acercamiento a la Tierra, previsto para diciembre.
El hallazgo fue realizado el 1 de julio de 2025 por un telescopio del proyecto ATLAS, instalado en Chile. Desde entonces, el visitante cósmico —el tercer objeto interestelar confirmado en la historia— se convirtió en un fenómeno que mezcla fascinación científica con especulación sobre un posible origen no natural.
El 3I/ATLAS se mueve a 60 kilómetros por segundo y proviene de otro sistema estelar, lo que ya lo convierte en una rareza. Sin embargo, lo que más sorprende a los expertos es su cola orientada hacia el Sol, en lugar de alejarse de él como ocurre con todos los cometas conocidos.
Esta “anti-cola” encendió el debate. Para algunos científicos, se trata de una particularidad física todavía no explicada; para otros, podría esconder algo más. El astrofísico de Harvard Avi Loeb, reconocido por sus teorías sobre objetos interestelares previos como ‘Oumuamua, planteó que el 3I/ATLAS podría ser una nave de origen tecnológico que estaría desacelerando mediante un mecanismo de “empuje de frenado”.
“El objeto ha mostrado características anómalas. No descartamos un origen tecnológico, incluso hostil”, escribió Loeb junto a los investigadores Adam Hibberd y Adam Crowl, en una hipótesis que divide al mundo académico.
Con 20 kilómetros de diámetro, el 3I/ATLAS es el cuerpo interestelar más grande registrado hasta la fecha. Su tamaño y masa —de miles de millones de toneladas— desconciertan a los astrónomos, ya que no se detectaron otros objetos menores asociados, como sería esperable si se tratara de un cometa natural.
Las observaciones del Telescopio Óptico Nórdico en España y del Observatorio Gemini Sur en Chile confirmaron que, tras la anti-cola inicial, el cometa desarrolló una cola convencional a medida que se acercó al Sol. Además, su brillo cambió de tonalidades azuladas a blancas, lo que sugiere alteraciones químicas provocadas por la radiación solar.
En su composición se hallaron dióxido de carbono, agua, trazas de cianuro y una aleación de níquel nunca antes detectada en la naturaleza, aunque sí utilizada en procesos industriales humanos, un dato que alimenta las conjeturas más audaces.
Más allá de las teorías sobre su posible artificialidad, el cometa representa una oportunidad única para estudiar el pasado remoto del universo. Los especialistas estiman que 3I/ATLAS tiene unos 10.000 millones de años, es decir, se formó mucho antes que el propio Sistema Solar.
Su estructura de hielo, polvo y gases primitivos lo convierte en una auténtica cápsula del tiempo galáctica, capaz de revelar información sobre las condiciones químicas de las primeras etapas de la Vía Láctea.
El cometa sigue una órbita hiperbólica, lo que significa que no volverá. Tras su paso por el Sistema Solar, se dirigirá hacia el espacio profundo, dejando a su paso observaciones desde Marte, Venus y la constelación de Leo.
Sondas de la Agencia Espacial Europea como Mars Express, ExoMars y la misión JUICE ya están recopilando datos del cometa. La NASA, en tanto, captó imágenes de alta resolución mediante la cámara HiRISE, aunque su difusión se demoró debido al cierre temporal del gobierno estadounidense, un hecho que avivó teorías conspirativas en redes sociales.
La Red Internacional de Alerta de Asteroides (IAWN) incluyó al 3I/ATLAS en su listado de seguimiento, aclarando que no representa ningún peligro para la Tierra, aunque sí constituye un caso de estudio excepcional por su prolongada visibilidad y su singular comportamiento.
Mientras tanto, el interés global crece. Las búsquedas del término “3I/ATLAS” se dispararon en todo el mundo y las imágenes del cometa dominan las redes sociales, donde se entrelazan la curiosidad científica y las interpretaciones más fantásticas.
El próximo 19 de diciembre, el cometa alcanzará su punto más cercano a la Tierra —unos 270 millones de kilómetros—. No habrá riesgo de impacto, pero sí una nueva oportunidad para observar de cerca a uno de los visitantes más enigmáticos que haya pasado por nuestro vecindario cósmico.
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