Este valor encarecerá de manera sustancial la compra de pasajes al exterior y también el uso de la tarjeta fuera de la Argentina. No habrá límites para ninguna de las dos operaciones, pero obviamente será mucho más caro que ahora, tanto al momento de recepción del resumen como de la compra de los pasajes a la agencia, en este caso tanto en efectivo como con tarjeta.
La medida tendría dos objetivos simultáneos. El más relevante es desalentar la salida de dólares por turismo. Aún después de las grandes devaluaciones que se vienen sucediendo desde hace un año y medio, la balanza turística conserva un rojo aproximado de 5.000 millones anuales. Es decir que más de un tercio de los dólares que ingresan a la Argentina por superávit comercial se van en viajes. El objetivo sería bajar drásticamente ese drenaje en un momento en el que las divisas escasean.
Pero al mismo tiempo también representaría una nueva fuente del ingreso para el fisco. Según explicaron desde Casa Rosada, la idea es que no se trata de un cargo, o sea un pago a cuenta de otro tributo, sino de un gravamen específico sobre este tipo de transacciones. Si se impone finalmente esta postura, requeriría de una aprobación legislativa, con lo cual no podría aplicarse inmediatamente. En caso de ser un adelanto de otro impuesto sí podría ser de imposición inmediata.
El “dólar turista” estuvo vigente desde 2012 hasta el 2015, en coincidencia con el cepo cambiario del segundo gobierno de Cristina Kirchner. Se buscó cortar en aquel momento una fuerte maniobra especulativa, que consistía en comprar pasajes y realizar gastos con tarjeta en el exterior con un dólar muy barato. Como el dólar en el mercado “libre” cotizaba entre 50% y hasta 80% más caro, era un gran negocio usar la tarjeta en el exterior. El recargo que llegó al 35% buscó frenar con éxito sólo parcial esa operación.
¿Cuál es el principal peligro de la creación del “dólar turismo”? Que aumente la demanda de divisas en el mercado informal de parte de aquellos que viajan al exterior, lo que lo encarecería significativamente. En las próximas semanas sería mucho más negocio comprar dólares para viajar a través del mercado informal (ya que el oficial sólo permite USD 200 por mes) que usar la tarjeta y luego pagar en pesos a más de 80 pesos. El dólar “libre” cotizaba el viernes en $67, una caída sustancial respecto a los $75 a los que llegó antes de las elecciones.
Lo más probable es que este aumento de la demanda lleve al dólar “libre” a emparejarse con el correr de las semanas al tipo de cambio “turista”. En principio, esta mayor presión sobre el tipo de cambio que se opera en el mercado libre no generaría mayor presión sobre la inflación, al menos no de manera inmediata. La experiencia anterior del cepo demostró que el traspaso es mucho menor que cuando se produce un salto del dólar oficial.
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