Fernando Baer estimó que el tipo de cambio de cobertura de la Base Monetaria con las reservas brutas del BCRA es de $953 (Foto: Reuters)
La posibilidad de dolarizar la economía argentina volvió al centro de la discusión en medio de la reciente asistencia financiera anunciada por el Tesoro de Estados Unidos. Sin embargo, no hay consenso sobre cuántos dólares serían necesarios ni sobre la conveniencia de reemplazar el peso por la moneda estadounidense.
Por Matías Barbería
El economista Luis Secco calificó el apoyo estadounidense como “un calmante” y señaló que debería aprovecharse para implementar “un programa económico consistente”. Mientras tanto, distintos referentes económicos analizan si existen condiciones reales para avanzar hacia la dolarización y cuáles serían sus posibles consecuencias.
Tipos de cambio de cobertura: dos fórmulas y sus implicancias
Fernando Baer, de Quantum Finanzas, calculó el tipo de cambio de cobertura, es decir, el valor teórico al que se podría convertir toda la base monetaria a dólares con las reservas disponibles.
Primera hipótesis: considerando las reservas internacionales brutas del BCRA (USD 42.330 millones) frente a una base monetaria de $40.356.005 millones, el tipo de cambio de cobertura llegaría a $953 por dólar. Esto implicaría que, usando todas las reservas sin deducciones, ese sería el nivel de conversión necesario para absorber la totalidad de la moneda local.
Segunda hipótesis: si se descuentan los encajes bancarios en dólares (USD 12.700 millones), las reservas líquidas quedarían en USD 29.630 millones. En este escenario, el tipo de cambio de cobertura subiría a $1.362 por dólar, reflejando que hay menos respaldo disponible frente a la misma base monetaria.
Baer indicó que “con la asistencia del Tesoro, la dolarización no parece inviable, aunque su conveniencia es debatible: por un lado se elimina la emisión de pesos que la gente no quiere; por otro, se pierde flexibilidad económica”.
Los promotores del cambio
Entre quienes impulsan el reemplazo del peso, Alfredo Romano, de Romano Group, afirmó que “Argentina no sabe flotar” y describió la dolarización como una “oportunidad histórica”. Propuso un tipo de cambio oficial de $2.000 por dólar, considerando que la conversión resultaría muy atractiva. Según Romano, con este esquema la inflación medida en dólares podría ubicarse en torno al 5% anual en los próximos 12 meses, muy por debajo de los niveles previos en pesos.
Para consolidar la dolarización, Romano identificó como necesarias:
la llegada de dólares de Vaca Muerta,
reformas impositivas y laborales,
nuevas líneas de crédito privado.
El consultor también advirtió que la dolarización podría funcionar como barrera estructural frente a gobiernos que intenten revertir la política económica.
Posturas escépticas y advertencias técnicas
Emiliano Libman, de Fundar y Cedes, cuestionó la viabilidad operativa de dolarizar a $2.000 por dólar, señalando que se necesitarían casi USD 100.000 millones para cubrir los depósitos, frente a los USD 5.500 millones realmente disponibles.
Según Libman, con USD 30.000 millones apenas se podría rescatar la base monetaria, lo que limita las posibilidades de un respaldo completo. Además, advirtió sobre riesgos legales, políticos y económicos de una implementación apresurada:
mayor exposición a shocks externos,
pérdida de flexibilidad de política monetaria,
posibles efectos deflacionarios y de endeudamiento.
Condiciones necesarias para avanzar
La consultora 1816 indicó que una dolarización con “riesgos controlados” requeriría:
un préstamo neto de 40.000 a 50.000 millones de dólares de Estados Unidos,
legitimidad social e institucional, mediante una consulta popular no vinculante, dado que un Congreso escéptico podría frenar la iniciativa.
Fundamentos económicos y advertencias institucionales
Un informe de Fundación Mediterránea, a cargo de Gustavo Reyes, subrayó que Argentina y Estados Unidos no muestran sincronía en sus ciclos económicos: en cuatro décadas, el crecimiento estadounidense solo explicó el 10% del crecimiento argentino.
El análisis advirtió sobre:
la desaparición del señoreaje (ingresos por emisión de dinero),
la imposibilidad de actuar como prestamista de última instancia ante crisis de liquidez,
la dificultad de ajustar la economía ante shocks negativos.
Maximiliano Gutiérrez, del área internacional de la fundación, remarcó que la reciente baja de la inflación reduce el atractivo inmediato de la dolarización, mientras que los costos estructurales permanecen intactos.
Un debate complejo y multidimensional
El vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, describió la dolarización como “muy compleja de implementar” y recordó la intervención de Luis Caputo para disuadir a Javier Milei de eliminar el peso.
El debate involucra límites prácticos, políticos y financieros, y surge en un contexto de volatilidad cambiaria y expectativas mixtas en los mercados e instituciones. La discusión, que combina cálculos técnicos con factores políticos e institucionales, vuelve a situar a la dolarización en la agenda pública como una opción controvertida y llena de riesgos.
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