Los estremecedores audios de una acusación de abuso en la iglesia salteña: “Hacía que lo toque y me empezó a violar”. Sucedió en 1992 en Rosario de Lerma. La Iglesia instituyó un tribunal eclesiástico. La supuesta admisión del crimen contra el menor por el sacerdote Lamas. La denuncia penal.

Por Diego Rojas.30 de septiembre de 2018.-El llanto de un hombre adulto, que recuerda, es conmovedor. Más aún, si la memoria de ese hombre remite a una violación sufrida cuando era un menor, casi un niño, y el perpetrador, un sacerdote que se había ganado su confianza.

Ese es el caso del llanto que se escucha en el audio que publicamos, en exclusividad, de la declaración ante un tribunal eclesiástico secreto -documento de carácter inédito que permite conocer la justicia católica desde adentro por primera vez- realizada por el salteño Juan Carlos García, quien afirma haber sido violado por el padre Emilio Raimundo Lamas en 1992, cuando tenía 16 años. El relato del abuso entre sollozos es conmocionante.

Juan Carlos García desde muy chico se introdujo en los quehaceres de la Iglesia católica en Rosario de Lerma, Salta, al punto que en la adolescencia ya era edecán de la parroquia cuando el ministerio era ejercido por el padre Ojeda. Cuando el sacerdote falleció, luego de algunos reemplazantes, llegó el nuevo y joven cura que, con su estilo informal y de cercanía a la población -jugaba al fútbol con los jóvenes, solía vestir de civil-, sorprendió a su feligresía.

El adolescente García se entusiasmó con sus tareas parroquiales. Hasta que un día de 1992 el sacerdote Emilio Raimundo Lamas le pidió que lo acompañara a dar misa en las fiestas de la Virgen al pueblo de Alfarcito, situado en las alturas salteñas. Según García, allí la violación ocurrió.

Así lo relató a Infobae y, a principios de 2017, ante el Tribunal Eclesiástico del Arzobispado salteño, en un proceso secreto que investigaría las acusaciones de García. Según el denunciante, al llegar a Alfaritos se sintió mal por los efectos de la altura y, en cierto momento de la noche, se retiró a la habitación que compartiría con el sacerdote Emilio Raimundo Lamas. Luego Lamas entró.

“Comenzó a preguntarme si había traído el manutergio, la vestimenta del padre, el cáliz. ‘Sí, sí’, le decía. ‘Mirá que si no has traído te tiro las orejas, porque vos te tenés que portar bien’. Es decir, buscaba que yo diera la vuelta la cara y tuviera un momento de diálogo. Yo no quería porque me daba vergüenza vomitar delante del padre porque me sentía mal. O sea, para mí el cura era algo altísimo”.

“Insistía con eso de tirarme las orejas y se pasó a la cama donde yo estaba. Y trató de agarrarme así las orejas entre juegos y juegos y me agarró las orejas y empezó a acariciarme, a tocarme la cabeza. Yo lo sentí como mimo, como algo de caricia, pero nunca me imaginé otra cosa. Como contención, como mi papá, como mi mamá. Y para mí era distinto porque el cura que me formó era muy conservador. ‘Te voy a tirar las orejas, porque te portaste mal, te voy a tirar las orejas’, decía. Yo me reía. Y con sus caricias se acostó detrás de mí”.

“Me sentí, no sé, incómodo. Yo sentía un montón de cosas. Sentía ese temor por el sacerdote. Pero después empecé a sentir asco cuando empecé a sentir su lengua en mi oreja. Empezó a lamerme la oreja y empezó a respirar distinto. Para mí fue una experiencia nueva, sentir respiraciones fuertes. Empezó a apretarme fuerte, a abrazarme, y ya me dolía. Era raro, era raro lo que yo sentía. Me dio vuelta la cabeza y comenzó a besarme la boca y ahí entendí que era algo malo. No niego que sentí algo distinto porque era una experiencia nueva que hoy quizás grande pueda entender, pero a esa edad yo era muy inocente. Me sentía raro, me sentía raro, me sentía raro. (Entre sollozos)”.

“Y ahí comenzó el padre a quitarse la ropa él y a quererme quitar la ropa a mí. Le dije: ‘Padre, por favor’. Y el padre siguió. Yo pensaba en una camperita nueva que mi vieja me había comprado. Era tan tonto que lloraba por la ropa nueva, no por lo que estaba pasando. Es que no entendía. Y comenzó a tocar mis genitales. Me empezó a tocar todo. Me hincaba con el dedo, me dolía mi cola. Se subía arriba mío y sentía que me ahogaba porque era alto, fisicudo, y me empezaba a besar y cuando me besaba me ahogaba porque me metía la lengua, y con esa respiración fuerte me ahogaba. Sentía que me ahogaba”.

“Después él me dio vuelta. Quería que toque su cuerpo y su pene también, me agarraba de su mano para llevarme adonde él quería que lo toque. Y ahí me comenzó a violar. Sentía yo miedo, nunca me voy a olvidar de eso. Cuando él terminó, me acuerdo que lloré. ‘Ya está’, me dijo, ‘si te duele la panza, sacate un caramelo de mi mesa’. Yo no sabía si levantarme o no. Después fui y saqué el caramelo. Sentía ganas de vomitar, porque estaba mal”.

“Y después dijo: ‘Vení ahora a mi cama’. Yo no contestaba nada, eso me acuerdo bien, estaba como mudo, no decía nada. Empezó a tocarme otra vez. Ahora él quería que yo lo penetrara a él. Yo no sabía qué hacer. Estaba solo, mal, mareado, asustado y con un montón de cosas en la cabeza. A oscuras. No sabía qué hacer. Cuando el padre vio que empecé a llorar, no sé si se asustó o qué, y se fue a recostar. Lo único que recuerdo es que desperté en el piso. Me dormí llorando”.

El testimonio ante el tribunal eclesiástico secreto, realizado en diciembre de 2016, implicaba el juramento de no revelar el proceso ni lo sucedido allí, enmarcado en la figura del “secreto pontificio” y bajo la admonición de caer en “pecado grave” si contravenía lo jurado poniendo la mano sobre los evangelios.

Un año después, el sacerdote Alejandro Pezet, que había participado del proceso eclesiástico como “notario”, visitó en su hogar a Juan Carlos García, que en la actualidad tiene una radio en Rosario de Lerma. El padre lo visitaba en nombre del presbítero Loyola Pinto y de Sancristóval, juez vicario y máxima autoridad del tribunal de la Iglesia salteña.

“El padre Loyola me pidió que te transmita algo dentro del secreto de lo que ocurre ahí adentro -le dijo Pezet a García, según el registro de la conversación, que fue grabada-. Se llamó al padre Lamas, se le leyeron las acusaciones, él dijo que reconocía que todo era verdad y pidió la dimisión del sacerdocio. Fue de palabra entre los que estábamos ahí, si decide hacer eso debe ponerlo por escrito. Me parece algo honesto de su parte. Dijo: ‘No niego ninguna de las acusaciones’. Dentro de todo lo malo eso es algo bueno”.

-¿Reconoció los otros casos también? –preguntó García a Pezet.

-Sí. Dijo que había pensado en dimitir en otras ocasiones. Acá tiene un buen concepto, incluso de sus otras víctimas, que dicen que es un buen tipo, pero cometió un crimen gravísimo. Lo que a vos te hizo y probablemente a muchos más es gravísimo, es pisotear seres humanos. Yo creo que lo que a él le conviene es ofrecerte una reparación para que no trascienda. Él no va a ir preso porque esto ya prescribió. Evidentemente la Iglesia te ofrece una reparación. La peor sanción de la Iglesia, que es no ejercer el ministerio, al haber renunciado Lamas ya no se le va a imponer. Ahora la iglesia con vos como institución de alguna manera tiene una responsabilidad. Es un miembro de la Iglesia con la autoridad moral que la Iglesia le dio. La Iglesia es un cuerpo y el pecado de uno, de alguna manera, somos responsable todos, así como la santidad de uno nos hace bien a todos. Pero para mí es bueno que haya reconocido. No le gusta al obispo que se ventilen estas cosas. Yo los alenté a que lo pongan por escrito.

Infobae se comunicó con el padre Pezet, que se encuentra en Italia: “Las cosas que le dije a García son cosas que están dentro de un proceso de derecho canónico y, por lo tanto, dentro del secreto canónico”.

–En esa grabación usted dice que Emilio Lamas admitió la culpabilidad de las acusaciones.

–Yo no puedo hablar de eso, porque tengo un juramento que no puedo hablar. Ese tema solamente sólo lo puedo hablar con el tribunal o Juan Carlos García, porque si no sería faltar a ese juramento.

–Usted dice que el delito prescribió, sin embargo hay una causa penal.

–Me parece muy bien que lo haga si existió el delito. Yo no puedo decir las cosas que juré que no iba a decir. Lo que yo dije surge de una grabación que yo no sabía que me la estaban haciendo.

–En la grabación usted reconoce que Lamas admite el crimen y que pidió ser removido del ejercicio sacerdotal.

–Yo no puedo decirle a nadie, sea periodista o no, lo que yo le dije a Juan Carlos García. Si me grabó, bajo responsabilidad de él, se difundirá lo que le dije en privado.

El cura Emilio Raimundo Lamas había sido trasladado como misionero al pueblo de Villamontes, en la provincia boliviana de Tarija. Infobae llamó a fuentes de ese lugar, que confirmaron que desde hacía un año Lamas había dejado de ejercer el sacerdocio en la región.

En diciembre de 2017 Juan Carlos García decidió interponer una denuncia penal contra Lamas en la justicia. Infobae habló con su abogado, Luis Segovia.

–¿No está prescripto el crimen por el que se acusa a Lamas?

–En términos generales, podría estar prescripto, pero nosotros nos basamos en la jurisprudencia que indica que la relación de autoridad de Lamas con mi representado se asemeja a la que produjo que la justicia intervenga en causas como las del Instituto Próvolo, en Mendoza, o el caso del cura Illarraz, en Entre Ríos, que fue condenado a 25 años de prisión por los abusos cometidos hace dos décadas. La Argentina suscribe a la Convención Internacional de los Derechos del Niño, que indican la gravedad de estos abusos en menores y, sobre todo, si son realizados por una figura de autoridad, como lo era Lamas en su rol de párroco de Rosario de Lerma.

Infobae intercambió mails con el cura Emilio Raimundo Lamas a través de la casilla provista por la misma Iglesia.

“Como periodista buscas noticias. Entonces di tú cuál es el motivo. ¡Paz y bien!”, escribió el sacerdote en el primer mail de respuesta.

Infobae respondió: “La consulta es por una denuncia realizada contra su persona por abuso con acceso carnal con un menor de edad. ¿Podría pasarme un teléfono así le hago una consulta al respecto?”.

“Perdón, pero no tengo ninguna nota de denuncia de parte la Justicia Civil”, figura en el siguiente mail de Lamas.

Infobae le adjuntó la carátula de la causa penal iniciada por Juan Carlos García. “Comprendo que como periodista seas insistente. Sólo te vuelvo a repetir que cuando tenga la notificación legal de la justicia entonces podré responderte”.

Infobae entonces le preguntó por el proceso que existía en el Tribunal Eclesiástico y le preguntó si, como habían dicho en Villamontes, Bolivia, había dejado de ejercer el sacerdocio allí desde el año pasado.

Entonces Lamas respondió: “¿Con qué autoridad tienes que hacer averiguaciones? Sólo te respondo para que te des cuenta que no puedes tomarte atribuciones que no te corresponden: Fui enviado a Villamontes por mi obispo por un periodo de 3 años porque el Obispo del Vicariato pidió ayuda por falta de sacerdotes y antes de mi estuvieron 2 sacerdotes de Salta. Yo fui por 3 años y pedí 3 años más que se cumplieron en el 2016 es por eso que estoy de vuelta en Salta. Ten paciencia y me parece que estás avanzando sobre lo que no te corresponde y con sugerencias de alguna persona. Te vuelvo a repetir que cuando tenga una notificación oficial de la Justicia, entonces voy a responder lo que corresponda. Que tengas un buen día. ¡Paz y Bien!”.

“Todo caso que en el que se demuestre la participación de un sacerdote en actos con menores es absolutamente repudiable y condenable, sin ninguna rebaja de ningún tipo, esa es la postura oficial y personal”, dice a Infobae el padre Loyola Pinto y de Sancristóval, máxima autoridad del tribunal eclesiástico salteño.

–Según la acusación de Juan Carlos García, habría habido una violación con acceso carnal por parte del sacerdote Lamas.

–El juicio canónico está listo para sentencia, que saldrá en estos días.

–Las últimas informaciones daban cuenta de que Lamas había sido trasladado como sacerdote a un pueblo boliviano, Villamontes, pero desde hace un año dicen allá que no es más el cura del lugar. ¿Dónde se encuentra?

–Lamas está suspendido del ministerio mientras dure el juicio.

–García presentó una demanda penal contra el presunto violador.

–Nosotros creemos que toda persona que supuestamente sufre un abuso está en su perfecto derecho de presentar una demanda en el fuero que le parezca más oportuno.

–En una conversación con el padre Pezet, le dice a García que el padre Lamas admitió sus crímenes.

–Es una conversación privada entre ellos dos, entonces como es moralmente discutible su difusión, no puedo dar ninguna declaración al respecto. Lo que se dijo se realizó en un proceso canónico enmarcado en el secreto pontificio. Sin embargo, quiero remarcar que apoyamos que se denuncie a los crímenes si es que se cometieron.

En el extremo norte del país, un hombre espera por justicia, mientras recuerda. Su caso, el de una posible violación realizada por un sacerdote cuando era un chico, se encuentra siendo juzgado en los tribunales de Dios y en los de los hombres. En uno se pierde el derecho al cielo, en el penal –que corresponde a los ciudadanos– corresponde la prisión si se comprobara el crimen. En Rosario de Lerma, Juan Carlos García espera por justicia. Y a veces solloza al recordar.

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