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Desde el vientre de la Pacha. Por Teresita Rojas
Encontrar el camino correcto para seguir viviendo de una forma u otra, es un desafío, y las más de las veces, implica despojarnos de todo y empezar desde nuestra nada a reconstruirnos con las experiencias vividas; se puede hacer en cualquier instante, en cualquier lugar y repetirlo hasta llegar a unir las piezas, para fortalecer, mejorar o simplemente mantener nuestra casa, el universo propio y particular, el hogar de nuestra alma.
 
 
Ahora encontrarse con uno mismo y con el universo todo, en la frialdad y oscuridad de una cueva en lo alto de un cerro, más cerca del cielo que de la tierra, en un refugio que la naturaleza creó para contenernos, para hacernos sentir su poder y recordarnos que polvo somos y a él volveremos, es una  experiencia mágica, inexplicable y misteriosa, asequible a las almas inquietas y dispuestas a creer en la nada y en el todo; en el poder del universo, en su energía creadora, en nuestro Dios o en la Madre Tierra, no importan los nombres, son uno solo, poder supremo, conciencia infinita, donde nuestros cuerpos y mentes, que solo son manifestaciones temporales, obran de puente en ese lugar y en ese momento.
 
 
Descubrir también la sabiduría ancestral de nuestros antepasados, que se transmite de generación, a través de la palabra y las tradiciones, me generó asombró , orgullo y reconocimiento hacia nuestros hermanos integrantes de las comunidades aborígenes, haciéndome reflexionar y respetar al sabio, que sin estudios superiores ni libros escritos, puede explicar el valor de la vida, de la esperanza y de la fe, desde un poder único y universal, el amor; desde su humildad y sencillez, y sentado sobre una piedra en el vientre de la Pacha, nos abrazó a los caminantes con sus palabras, expresando en términos lisos, llanos y poco ortodoxos, lo que, importantes escritores intentan explicar desde sus best seller o reconocidas obras.
 
 
La vida, la naturaleza y los seres que la integran no dejan de sorprenderme, y les agradezco infinitamente, la generosidad de recibirme y compartir conmigo su luz maravillosa, que me ilumina para crear  esta narración, como lo han hecho con los precedentes. 
 
 
Crédito Fotos: Teresita Rojas
 

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