El partido más esperado pasó como si nada. Si hubo un foco de atracción que desviaba la concentración de los futboleros durante el Mundial, era este Racing-River en el cruce de octavos de final de la Copa Libertadores.

Los primeros 90 minutos corrieron casi sin emociones. No es una frase hecha: apenas un zapatazo de Bou que resolvió muy bien Armani y un zurdazo de Pity Martínez que despejó con seguridad Arias.

Tan parejo, tan de ajedrez fue el partido, que cuando Coudet y Gallardo se decidieron a hacer cambios los hicieron al mismo tiempo: antes de que arrancara el segundo tiempo, a los 15 minutos y a los 28. Nada se modificó. Y en esa partida, el que pareció irse más contento con las tablas fue River. No sólo por la condición de visitante sino también por haber jugado con un hombre menos -su capitán, nada menos- todo el segundo tiempo.

Es difícil asegurar si esa diferencia numérica pasó inadvertida por virtud del Millonario o por déficit de la Academia. Lo cierto es que en todo el segundo tiempo el local sólo tuvo un disparo desviado de Centurión y un gol anulado a Bou. Recién a los 37 empezó a empujar contra el arco millonario, con centros desde tres cuartos de cancha que terminaron sin peligro. La más clara llegó en la última: Armani esta vez tapó un cabezazo de Cristaldo al primer palo.

Antes de la expulsión a Ponzio, cuando el partido se jugaba once contra once River mostró más credenciales que Racing. Gallardo dispuso un diamante en la mitad de la cancha con Ponzio y Martínez por adentro, más Palacios y Fernández a los costados. Y ganó el medio campo. Los rebotes eran de la visita, que jugaba la pelota con más velocidad y precisión. Pero la defensa del millonaria mostraba cierta fragilidad. Centurión fue a jugar contra Casco y, en tándem con Saravia, generó cierta sensación de peligro. Pero no pasó de eso.

La expulsión del capitán de River -doble amarilla tras cortar dos contraataques- abría el interrogante de cómo se jugaría la segunda mitad. Los cambios de los entrenadores amagaban a dar la respuesta: Zuculini por Scocco en el Millonario y Solari por Zaracho en la Academia. El local perdió juego y equivocó las decisiones; el visitante se paró unos metros más atrás y esperó con orden. Coudet decidió darle a Guillermo Pol Fernández, que sólo llevaba dos entrenamientos con sus nuevos compañeros, la responsabilidad de ser el conductor del equipo la última media hora. El exBoca aceptó la función, pero se fue diluyendo con el correr de los minutos. Así, los caminos empezaron a empezaron a encerrar hacia el 0 a 0. Más todavía si en el arco de River está Armani.

Ahora, los ojos se posarán en el miércoles 29 de agosto, cuando la llave se defina en el Monumental. Otra vez, será el partido más esperado. La condición de definitorio y que los equipos lleguen con más ritmo de fútbol tal vez le aporte otro condimento. La primera función en Avellaneda pasó sin vibraciones.

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